Necesitamos gerencia
He decidido instalar un observatorio individual sobre nuestros candidatos presidenciales.
Tomo en cuenta no sólo la coherencia, linealidad, valor y contenido de sus discursos públicos -sin obviar el lenguaje no verbal, que suele ser más revelador de la esencia humana-, sino también el contexto que crean sus acompañantes.
Por esa vía comienzo a formarme una idea de los futuros gabinetes, con énfasis especial en el equipo económico, que sea cual fuere el grupo político elegido para gobernar a partir de 2012- tendrá un descomunal desafío que reclamará pericia, capacidad de inyectar confianza y garantizar estabilidad en un escenario convulso.
Mi observatorio individual lee con detenimiento y desentraña los significados- de las visitas que realizan los aspirantes presidenciales, por ejemplo, al poder factual empresarial. El discurso iconográfico es aquí altamente relevante.
Yo pediría a los periódicos y a la televisión ser más detallistas en la cobertura gráfica de estos hechos. Veremos, sin dudas, a los futuros gobernador del Banco Central, ministros de Hacienda y de Economía.
Podrían quedar develados, además, los venideros superintendente de Bancos, administrador del Banco de Reservas, miembros de la Junta Monetaria, los integrantes del gabinete eléctrico y otros probables funcionarios que influirán decisivamente en nuestras vidas por los próximos cuatro años.
Para que el ejercicio no sea simplista, corresponde a mi observatorio individual seguir el perfil y los prospectos de los acompañantes de los candidatos. Invito a mis conciudadanos a sumarse a esta práctica, que hasta divertida puede resultar en medio de una campaña que algunos se esfuerzan por convertir en insulsa.
En función de la gente opaca, fracasada, arribista, profesionalmente mustia y hambrienta de botín o dependiendo de los actores frescos, sin desgastes, comprometidos, con hojas profesionales destacadas y respetables, será posible organizar un mapa de poder para saber en qué manos estaremos.
Tiempos muy difíciles nos sobrevienen. Así lo indica el entorno internacional y lo ratifica la enorme deuda social que tenemos, ya convertida en una desgarradora violencia. Necesitamos gerencia. Los slogans y estribillos son buenos para el colorido tropical. Distraen, pero no redimen.
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