Navidad triste en el PRD
Me imagino que mis lectores se habrán dado cuenta que desde hace tiempo no trato el tema del Partido Revolucionario Dominicano (PRD). Eso tiene una explicación.
El partido de José Francisco Peña Gómez en que me inscribí hace 17 años no existe. Actualmente es una empresa por acciones donde las misiones de realizar oposición firme, tener actitud crítica y respaldar los legítimos reclamos de la población no son ejercidos precisamente porque su esencia, sus valores, están secuestrados.
Usted podrá ver las siglas; están ahí, físicamente, en sus locales, pero en realidad es una ficción. El PRD, el partido de las grandes luchas, el partido que ha respaldado las grandes conquistas, languidece en manos que adoran al Dios Mercurio.
La única explicación de lo que estamos presenciando es la existencia de una complicidad con las fuerzas que han destruido nuestro país pues, por todo lo que atraviesa actualmente el PRD, tiene un beneficiario: Nuestros opositores.
Lo impresionante es ver cuántos cómplices tiene el artífice. Conozco las bajezas humanas, la envidia, la maldad, el deseo de venganza pero, ¿Qué tantas puede acumular un ser humano y esparcirlas a decenas de serviles, cuya gratitud se sustenta en un chequecito, un carguito o hasta un apartamentito?
No salgo de mi asombro al ver una torpeza tan grande como querer sancionar a Hipólito Mejía. Sencillamente increíble que quien nos acercó al poder sea ahora perseguido por los que conspiraron para que no lo alcanzáramos.
Siempre he estado consciente de que quien se erige como presidente del PRD no es un hombre de luces, pero nunca me imaginé que una luciérnaga sería capaz de opacarlo.
Momentos como los que vive actualmente el PRD son un recordatorio del cuidado que deben tener los pueblos cuando confían sus destinos a gente sin preparación, sin escrúpulos, sin compromiso social y sin vocación de ayuda al prójimo.
Mucha gente me ha comentado que esta es una navidad triste. Esta es una navidad triste en el PRD.