¿Museo? Depende

El diputado por la provincia de San Cristóbal, Leivín Guerrero, ha presentado un proyecto de ley para la creación de lo que podría denominarse como “Museo de la dictadura” o “Museo de la Era de Trujillo”, iniciativa que empieza a levantar muchas opiniones a favor y en contra.

La idea puede ser buena o mala, dependiendo de su ejecución.

Un espacio museográfico que sirva de apoyo al conocimiento de ese período de nuestra historia podría ser un instrumento educativo importante y un atractivo turístico trascendente.

Esos 31 años de dictadura no pueden ser borrados y la mejor forma de no repetirlos es que todas las generaciones conozcan lo relativo a ese período y que tengan claro cómo pudo surgir ese fenómeno encarnado por Rafael Leonidas Trujillo.

Al país le haría mucho bien tener un lugar donde se le pueda dar una mirada al citado período histórico. Allí podrían converger, por ejemplo, salas sobre los caudillos de los primeros años del régimen, una sobre las propiedades del tirano, otra sobre los centros e instrumentos de torturas, una sobre los intentos por derrocar a Trujillo con especial énfasis en las expediciones, otra sobre los conjurados que ejecutaron el ajusticiamiento, otra sobre la transformación del aparato productivo nacional durante ese período, y una sobre víctimas connotadas por su postura antitrujillista.

Los símbolos de la riqueza del dictador podrían hacer que unos pensaran que Trujillo era grandioso y otros en cambio llegarían a la conclusión de que era un megalómano.

Quien ha visitado el Museo del Holocausto sale repudiando aún más el nazismo.

Un Museo de la Dictadura puede lograr un efecto similar si se dirige en esa dirección y acrecentar la convicción de impedir el eventual retorno de períodos de represión.