Museo del Pardo, un tranquilo cementerio en España que aloja los restos de Trujillo

  • El dictador que gobernó como dueño absoluto de la RD durante 30 años terminó reducido a un espacio pequeño, silencioso y casi invisible

Mausoleo donde descansan los restos de Rafael Leónidas Trujillo
El mausoleo de Trujillo donde solo reposan sus restos, dista mucho de ser el más llamativo del campo santo, aunque no se puede decir que pasa desapercibido debido a su revestimiento en mármol negro. José P. Monegro

El Pardo, España. – El cementerio Mingorrubio, mejor conocido como El Pardo, por el nombre de la comunidad en que se encuentra, tiene un discreto inquilino que pasa desapercibido entre mausoleos grises y un silencio propio del cementerio, pero que arrastra una historia de sangre y dolor que durante tres décadas marcó a un país completo.

Se trata de los restos del dictador Rafael Leonidas Trujillo, cuyo ajusticiamento se produjo un 30 de mayo de 1961, cuando la noche se convertía en cómplice de aquellos complotadores que pusieron fin a una de las dictaduras más férreas de América Latina.

La entrada del cementerio del Prado por muchos años fue anónima pese a que ese campo Santo Tenía en su interior los restos de una de las personas que más marcó a República Dominicana, país que tiene a España como su Madre Patria.

Museo del Pardo, un tranquilo cementerio en España que aloja los restos de Trujillo
La modesta entrada al cementerio de El Pardo. José P. Monegro


Esa entrada ha dejado de ser anónima desde que el gobierno socialista de España decidió exhumar los restos deFrancisco Franco del monumento “Valle de los caídos” y entrarlos allí, casualmente a poca distancia de donde desde principio de los años sesenta reposan los de quien en vida fue su amigo, el dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo Molina.

El Mausoleo de Francisco Franco vino a darle un discreto realce a una vía interna en cuyo final, una edificación recubierta de mármol negro, acogía de manera discreta y sin resonancia a quien durante 31 años fue dueño del destino de la República Dominicana y decidía sin consecuencias sobre la vida o la muerte de miles de sus compatriotas.

Allí reposan los restos del sangriento dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, en un mausoleo que se levanta en uno de los rincones más sobrios del cementerio de El Pardo. No hay señalización especial que conduzca hasta él.

Se llega caminando entre panteones de granito gris, lápidas austeras y mausoleos familiares que comparten una misma estética contenida, casi burocrática, propia de los cementerios madrileños.
El de Trujillo es un mausoleo recubierto de mármol negro y con una única indicación gráfica, en letras doradas: “Familia Trujillo”.

Museo del Pardo, un tranquilo cementerio en España que aloja los restos de Trujillo
El camino sin pavimentar que lleva al mausoleo de Trujillo en el cementerio de El Pardo. José P. Monegro


El mausoleo de la Familia Trujillo es un bloque compacto de mármol oscuro, pulido pero sin brillo ostentoso. Su fachada recuerda a un pequeño templo clásico con dos columnas laterales que sostienen un frontón recto, sin ornamentación, sin símbolos patrióticos ni referencias militares.

En el centro, una puerta metálica con diseño geométrico protege el interior. Sobre ella, en letras doradas y discretas, apenas resalta el apellido que durante décadas dominó la vida política dominicana.

Sobre la inscripción quedan las perforaciones de una lámina que fue retirada del lugar, un espacio que quedó vacío luego de que se retiraran las cinco estrellas con la que se quería hacer referencia a sus glorias pasadas.

No hay estatuas, ni relieves, ni ángeles de mármol. La tumba no busca imponerse visualmente sobre las demás. A su alrededor, otros mausoleos familiares, de piedra clara, algunos más deteriorados, refuerzan la idea de anonimato.

El de Trujillo no ocupa una posición privilegiada en el camposanto.

Fe y contradicción en el interior

Tras la puerta metálica, el interior del mausoleo sorprende por su austeridad religiosa. Una pequeña capilla revestida en mármol blanco alberga un altar sencillo.

Sobre él reposan imágenes de la Virgen, de Cristo, de santos, colocadas con cuidado, como si se tratara de un espacio de oración íntima más que de una tumba asociada a uno de los regímenes más represivos y sangrientos en la historia del Caribe.

Museo del Pardo, un tranquilo cementerio en España que aloja los restos de Trujillo

Pequeños vitrales coloreados permiten el paso de una luz tenue que tiñe el espacio de tonos amarillos y azules apagados.

En el lateral derecho, un vitral de la Virgen de la Altagracia. La capilla interna luce austeramente decorada con símbolos religiosos y una bandera dominicana colocados en la tumba del dictador.

Un descanso después del exilio

El ambiente calmado y frio del cementerio y en torno al mausoleo, contrasta con el largo peregrinaje de su cadáver, que fue sacado de San Cristóbal, donde estuvo enterrado originalmente, para ser trasladado en yate a Francia por su hijo Ramfis Trujillo y finalmente llevado a España donde aún permanece en el discreto cementerio del Pardo.

El dictador que gobernó como dueño absoluto de la República Dominicana durante 30 años terminó reducido a un espacio pequeño, silencioso y casi invisible.

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El Día

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