Violencia de motoristas desata temor en calles de República Dominicana
- En las últimas horas, varios hechos violentos protagonizados por motoristas han encendido las alarmas sobre la seguridad vial y la capacidad de respuesta de las autoridades en República Dominicana
SANTO DOMINGO.– En la República Dominicana para nadie es un secreto que los conductores de motocicletas, mejor conocidos como "motoristas" o "motoconchos" se han convertido en un problema de difícil solución para las autoridades encargadas de garantizar el orden en la vía pública.
Basta con salir a la calle, leer la prensa o navegar en las redes sociales, plataformas “sobrecargadas de denuncias sobre motoristas involucrados en hechos violentos” para notar la magnitud de esta crisis.
Escalada de violencia en las últimas 24 horas
Solo en las últimas 24 horas se han registrado tres casos de agresión en la vía pública que involucran a conductores de motocicletas, dos de ellos con desenlaces trágicos.
Chofer del TRAE fue atacado por una turba de motoristas en Herrera
Entre estos actos violentos destaca el suceso ocurrido ayer jueves en horas de la mañana, en el cual resultó gravemente herido Henry González, un conductor del Sistema Nacional de Transporte Estudiantil (TRAE).
El hecho involucró a Gregory González, alias "Negro Malo", de quien se presume formaba parte de la turba que dejó malherido al chofer del transporte escolar.
Según los reportes policiales, el altercado se produjo en la entrada del sector Café de Herrera, en Santo Domingo Oeste, a raíz de una colisión entre el motorista, quien supuestamente “transitaba en vía contraria” y González.

Las autoridades señalan que, tras el impacto, el motorista se alió con otros compañeros para formar una turba violenta que terminó hiriendo al chofer mientras se encontraba en plenas funciones.
Como justificación
El supuesto agresor alegó que actuó por la "impulsión de que andaba con dos niños y el chofer de TRAE no tuvo la consideración de frenar, porque él es el grande". Por esta acción, Gregory González será sometido a la justicia.
Violencia expandida: Motorista mata compañero de parada en Sabana Perdida
El caso anterior fue apenas la punta del iceberg. Horas más tarde, otro hecho violento se registraría en Santo Domingo Norte, específicamente en Sabana Perdida, donde un motorista le quitó la vida a un compañero de parada de varios disparos tras una supuesta discusión.
El evento, que quedó grabado en cámaras de seguridad, expone cómo Ramón Elías Ureña Hernández, alias "Mon Elías", dispara mortalmente al menos en dos ocasiones contra Osvaldo Silverio tras un breve intercambio de palabras.
Tras cometer el crimen, el presunto homicida, quien aún sigue prófugo, escapó de la escena sin remordimiento alguno, dejando tirado a su excompañero.

Violencia entre conductores deja más víctimas en Santiago
A estos hechos se suma lo ocurrido en Santiago, donde un conductor —aún sin identificar— de la plataforma DiDi ultimó de tres puñaladas al repartidor de PedidosYa, Julio César Soriano Jiménez, de 44 años, por motivos aún sin aclarar.
Asimismo, un mes atrás en esa misma provincia, el conductor de un camión recolector de residuos sólidos, Deivy Abreu, fue asesinado por una turba feroz de motoristas que lo persiguió por varios minutos hasta acorralarlo en el Palacio de Justicia para apuñalarlo letalmente.
Crece preocupación por la violencia vial en República Dominicana
Gestión vial en tela de juicio
Estos casos son evidencia palpable de la escalada de violencia vial que se vive día a día en el país y para la que, por el momento, no se vislumbra una solución real.
Por otro lado, esta situación pone en tela de juicio la eficacia y gestión de los organismos del Estado que deben velar por el bienestar de la vialidad y la integridad de las personas que transitan por las calles dominicanas.
La seguridad ciudadana no puede depender de la suerte o de la prudencia de los demás; requiere una intervención urgente que desmantele la cultura de la turba y restablezca el principio de autoridad.
De lo contrario, seguiremos contando víctimas de una violencia que se ha normalizado en nuestro asfalto, convirtiendo cada trayecto cotidiano en una ruleta rusa de la cual nadie está a salvo.