Moseñor Camilo y la autogestión
Monseñor Antonio Camilo recordaba las muchas iniciativas sociales impulsadas en Cristo Rey, cuando era párroco, con recursos provenientes de la misma comunidad y de colaboradores identificados con la labor social allí realizada.
Se construyó una biblioteca sin requerir de aportes estatales, la penitencia cuaresmal de limpieza barrial se realizaba con camiones prestados y el trabajo de la gente, los salones comunales fueron construidos gracias a la mano de obra de los ciudadanos y sus aportes, a través de un innovador método que ellos denominaron el corito de los diez, el cual consistía en que cada quien buscaba diez personas más que hicieran pequeños aportes semanales, que al sumarlos constituían una suma a considerar. También convirtió en escuela gratuita el colegio parroquial que dirigía.
Al cumplir los 50 años de su ordenación sacerdotal, monseñor Camilo hizo un recuento para caer en la cuenta de que la mayoría de las personas que trabajaron en ese proceso de autogestión hoy son personas de bien, que lograron superar la línea de la pobreza porque aprendieron a lograr objetivos en base al trabajo y el sacrificio.
Así también se educa.
El parasitismo social también es un problema grave en el país.
Nadie puede pretender que el Estado se desligue de sus responsabilidades, pero tampoco se puede esperar salir de la marginalidad marginándose.
