Santo Domingo.-Monseñor Antonio Camilo está celebrando el 50 aniversario de su ordenación sacerdotal y cada día de ese tiempo lo ha dedicado a servir y transmitir la bondad que consigna en su lema episcopal: Vencer el mal con la fuerza del bien.
Me une al padre Camilo, que es como lo conocemos, una vieja amistad que inició en 1965, cuando se desempeñaba como capellán del colegio La Salle y mi familia vivía frente a este centro educativo.
Desde el primer momento en que lo conocí quedé impresionado por su humildad, su sensibilidad social, su vocación y amor a Dios, y su sabiduría, que yo le llamo sabiduría campesina.
En pocos meses cultivamos una relación muy estrecha y tiempo después perdí su rastro, que reencontré cuando estaba designado como párroco de Cambita Garabito.
Sacerdote de acción
Cuando fui a visitarlo un domingo en la mañana, lo encontré celebrando misa en un almacén vacío de una empresa cafetalera, pues no había una iglesia. No puedo olvidar que luego de la lectura del Evangelio solicitó voluntarios para trabajar un día a la semana en la construcción de la iglesia, que incluiría una biblioteca, sala para una banda de música, habitación para el sacerdote y salón parroquial que también se usaría como escuela.
Cuando sólo unas cuantas señoras mayores levantaron la mano para ofrecer su trabajo, el padre Camilo, muy enérgicamente y molesto, preguntó que para qué dar misa si no estaban dispuestos a sacrificarse un día a la semana para construir una obra que iba a beneficiar a toda la comunidad.
Y sin mediar más palabras se quitó los ornamentos y detuvo la misa.
La cara de sorpresa de todos los presentes ante la acción decidida de este joven sacerdote fue enorme.
El lunes en la mañana decenas de personas llegaron temprano con picos, palas y machetes a trabajar como voluntarios en la construcción de esta simple pero gran obra que se concluyó en menos de dos años.
Desde entonces he trabajado con el padre Camilo y juntos hemos vivido experiencias inolvidables que han dejado enseñanzas indelebles en mi vida. También guardo recuerdos jocosos que atesoro de manera especial.
No olvido cuando en una ocasión, caminando por la cordillera desde Cambita a Rancho Arriba, visitábamos pequeñas comunidades llevando la fe al pueblo, y al llegar a Mahoma Derrumbado nos topamos con una tormenta tropical.
El río estaba desbordado, pero irnos por el firme de la loma era más difícil y nos tomaría mucho más tiempo.
A pesar de esto, el padre Camilo insistía en irnos por la loma y aunque no lo entendía, no insistí, y tomamos el camino más difícil. Al llegar a Rancho Arriba, exhaustos por la odisea, nos montamos en mi carro, y Camilo me dijo: ¡Frank, es que yo soy de Salcedo y no sé nadar!.
Sacerdote paracaidista
Años después fue nombrado capellán de la Fuerza Aérea Dominicana, donde en poco tiempo se ganó el respeto y la admiración de los oficiales y alistados, creando los grupos matrimoniales, de Cursillos de Cristiandad y otros, pero demostrando también su liderazgo al convertirse en el primer Capellán Paracaidista en la historia de la FAD.
En su séptimo salto, el paracaídas no se abrió bien, pero el Señor quería que se quedase con nosotros, y a pesar de múltiples huesos rotos y golpes, el padre Camilo continuó siendo un ejemplo y modelo para la Fuerza Aérea Dominicana, donde todavía hoy es recordado con respeto y admiración.
En 1979, el huracán David y la tormenta Federico azotaron el país, especialmente las provincias de San Cristóbal y Baní, causando estragos en las comunidades. El padre Camilo era el párroco de Baní y cuando dos días después de estos fenómenos pude llegar a verlo, me dijo que estaba organizando las comunidades para ayudarlas en su recuperación.
Arreglar las vías de comunicación, los canales de riego, las escuelas y las casas era su propósito inmediato. Por supuesto, no podía dejarlo solo con esta inmensa tarea. Con un grupo de jóvenes estudiantes, mi esposa y yo formamos el Grupo Acción, y con el apoyo de algunas empresas nos unimos al esfuerzo del padre Camilo, reconstruyendo decenas de kilómetros de caminos, canales, escuelas y viviendas, y prestando atención médica y alimentaria a 12 comunidades durante tres meses, hasta que el Padre Camilo nos comunicó que ya ellos debían seguir caminando por sus propios pies.
En La 40
Cuando posteriormente fue trasladado a la iglesia San Pablo Apóstol, mejor conocida como La 40, en el populoso barrio de Cristo Rey, pudimos palpar una vez más su capacidad para trabajar con la gente.
Había estado en uno de los más prestigiosos colegios privados del país, con los campesinos de Cambita Garabito y sus alrededores en San Cristóbal, con los militares en la Fuerza Aérea y una pequeña ciudad como Baní, hasta llegar a un populoso barrio de la ciudad capital.
Lograr llevar la fe y la esperanza a tan disímiles escenarios sólo se logra con una fe inquebrantable, perseverancia, mucho trabajo y vocación de servicio. Y es esto lo que ha caracterizado la vida de monseñor Camilo.
Cuando llegó a La 40, la actitud de los jóvenes de la comunidad no era precisamente la más positiva. Pero el padre Camilo no se amedrenta, y pronto lo encontramos trabajando con esta juventud.
Organizó los grupos de oración, una banda para tocar en las ceremonias religiosas, torneos de basketbol y diversas actividades sanas que cambiaron la vida de muchos de estos jóvenes.
Construyó con ellos una escuela de costura, una biblioteca parroquial y creó un comité de limpieza cuyo lema era No tenemos la culpa de ser pobres, pero sí de ser sucios.
En pocas palabras, transformó a esta comunidad y trajo esperanza de un futuro mejor para estos jóvenes.
Cuando el papa Juan Pablo II, en una misa en la Catedral Primada de América, anunció su designación como obispo, no nos causó sorpresa, porque quienes conocemos su trayectoria, sabemos que su vida ha sido un ministerio de servicio a Dios, a la iglesia Católica y a la gente de nuestro país.
Invitación a celebración
Los organizadores de la celebración en la Catedral de Santo Domingo manifestaron que con la misma se busca que puedan compartir con monseñor Antonio Camilo los moradores del sector de Cristo Rey, los militares de la Fuerza Aérea a los que él le dio asistencia espiritual, los empresarios que le acompañaron en sus labores sociales, especialmente los que congregaron en el que denominaron Grupo Acción y la Cámara Americana del Comercio.
Para los moradores de Cristo Rey han sido habilitadas varios autobuses que transportarán de manera gratuita a los que quieran ir a la Catedral.