Mito y huracán
Con el paso de la tormenta Isaac se desnuda nuevamente la corrupción y la ignorancia de nuestra sociedad.
Primero la corrupción. Ciudades como Santo Domingo son pura apariencia, de moderna no tiene un ápice. Bastan dos gotas y las calles se inundan porque no existen sistemas eficientes de drenaje, porque la basura se recoge primitivamente, porque simplemente no tenemos un modelo urbano, salvo que lo veamos desde un helicóptero.
O puentes hechos para robarse el dinero y no brindar una solución vial en una zona de huracanes y regularmente hacerlo de nuevo para seguir depredando los bienes públicos.
Entonces viene predicadores en los medios argumentando que si Dios o la Virgen nos cuidó o no nos cuidó, cuando los culpables son quienes acaparan los bienes y hunden en la miseria a millones de dominicanos y dominicanas que deben vivir en situación permanente de riesgo.
Dios nos ha dado inteligencia y recta razón para que ningún ser humando viva en la indigencia, así que los desastres de un huracán o tormenta no son su responsabilidad, si no de los corruptos.
Una sociedad hundida en la ignorancia es el mejor cultivo para que los perversos y embaucadores exploten a sus prójimos.
La educación y la ética como norma de conducta ciudadana son las vías adecuadas para que nos libremos de los mitos y ningún huracan haga gran daño.