El agotamiento laboral o 'burnout' continúa siendo una asignatura pendiente para las empresas de América Latina y el Caribe.
Así lo muestra el estudio People Risk 2026, donde el 52 % de las organizaciones no cuenta con acciones para gestionar el burnout y apenas un 4 % ha desarrollado una respuesta integral que combine medición, comunicación, educación, gestión y derivación de casos, de acuerdo con estudios regionales sobre riesgos laborales y salud mental.
El estudio reunió las opiniones de 4.517 profesionales de Recursos Humanos y Riesgos a nivel global, donde el deterioro de la salud mental aparece entre los principales riesgos de personas para la región.
Los datos muestran una contradicción entre el reconocimiento del problema y la capacidad de responder a él, ya que, aunque el 79 % de las organizaciones dispone de presupuesto para iniciativas de bienestar emocional o salud mental y un 47 % ha incorporado el tema a su agenda estratégica, solo el 43 % todavía lo maneja mediante acciones aisladas.
Además, si bien un 63 % ofrece algún tipo de apoyo a empleados con problemas de salud mental, el 62 % de estas empresas carece de protocolos claros para enfrentar crisis o emergencias y solo el 31 % dispone de políticas corporativas específicas.
Liderazgo pendiente
La preparación de quienes dirigen los equipos constituye otra de las principales debilidades, donde apenas el 12 % de las organizaciones involucra a sus líderes desde la planificación de las acciones de salud mental, pese a que el ambiente laboral, las cargas de trabajo y la capacidad para identificar tempranamente los riesgos psicosociales pueden incidir en el bienestar de los colaboradores.
El Global Risks Report 2026 del World Economic Forum, en colaboración con Marsh, ubica el deterioro de la salud y el bienestar en los puestos 31 de 33 riesgos a dos años y 28 a diez años. El reporte aporta contexto sistémico, pero no es un estudio clínico ni establece causalidad.
Ariel Almazán, líder de Consultoría en Salud para Marsh Latinoamérica y el Caribe, plantea que las empresas necesitan incorporar la salud mental a su gestión de riesgos mediante indicadores que permitan dar seguimiento al ausentismo, la rotación, los riesgos psicosociales, la seguridad y la productividad.
Considera fundamental establecer rutas de atención y protocolos ante situaciones de crisis, así como preparar a líderes y gerentes para detectar señales de riesgo y canalizar oportunamente a los colaboradores.
Impacto global
El problema trasciende el ámbito empresarial latinoamericano, ya que la Organización Mundial de la Salud estima que la depresión y la ansiedad ocasionan alrededor de 12 mil millones de días de trabajo perdidos cada año, con un impacto cercano a US$1 billón en pérdida de productividad a escala mundial.
El desafío para las organizaciones, por tanto, ya no consiste únicamente en ofrecer actividades de bienestar o beneficios puntuales, sino en convertir la salud mental en una política integrada que contemple prevención, detección temprana, atención, liderazgo y seguimiento.