Misoginia y racismo

DAVID-ALVAREZ-Martín
David Álvarez Martín

Para Thelma Vanahí, con todo mi amor.

Estudiantes y amigos me han preguntado cómo es posible que un dominicano negro sea racista y anti-haitiano radical, o que una mujer sea machista hasta la médula. La pregunta no es ociosa, pero supone de entrada una falsa conceptualización de lo que es la misoginia y el racismo. El machismo no depende de que sea hombre, ni el racismo se desprende del color de quien lo profesa. Ambas patologías -incluida la xenofobia, la aporofobia, el odio contra quien profesa creencias diferentes o la aversión hacia quienes hablan otras lenguas o tienen patrones culturales diferentes- nacen de dos fuentes ampliamente estudiadas, y vinculadas.

La primera tiene que ver con la psique de muchas personas que padecen intensos sentimientos de debilidad o inferioridad producto de su formación hogareña, educativa y/o social, que los lleva a desarrollar fuertes impulsos violentos que buscan afirmarse en el lado opuesto de sus miedos interiores. El miedo a ser pobre, a ser considerado negro o no ser el macho que supone debe ser, los lleva a ser agresivo contra todos los que consideran que retan sus temores más profundos.

La segunda fuente son las ideologías que se articulan como forma de dominación social y política para que las personas no descubran las verdaderas fuentes de su explotación o subordinación, y ubicar un “enemigo” como responsable de sus limitaciones reales, imaginadas o potenciales. En el caso dominicano muchos pobres y clase media son engatusados ideológicamente mediante el recurso de colocar en los haitianos como causa de sus males, cuando en la realidad es la estructura de explotación que organiza la sociedad y exprime su trabajo para beneficio de unos pocos dominicanos y extranjeros.

Ambas fuentes se articulan y no es de extrañar que las debilidades psíquicas de muchos dominicanos y dominicanas sean aprovechadas con mayor intensidad con los argumentos ideológicos mencionados. Si por un lado los haitianos y los pobres son identificados -por el simple hecho de existir- como la causa de la pobreza o peligro de caer en la pobreza (en el caso de la clase media), el desarrollo constante de las mujeres mediante la educación y su autonomía económica, son identificadas como las causantes del fracaso del modelo patriarcal que ordenaba la sociedad nuestra desde su origen. Y ese modelo patriarcal es defendido brutalmente por hombres y mujeres.

Este fenómeno incluso está en la raíz subjetiva de la corrupción generalizada en el uso de los bienes públicos por las castas partidarias de nuestra nación. La expresión “aprovechar el chance” refleja esta mentalidad y sirve de manera íntima como justificación del robo del erario y el enriquecimiento personal a costa del mismo. El origen social de estos actores políticos (Bosch los identificaba como pequeñoburgueses) los lleva compulsivamente a enriquecerse con los recursos puestos a su disposición por el Estado y a mostrar obsesivamente su nuevo nivel de vida. No solo se enriquecen, sino que necesitan demostrar que son ricos. De fondo está el miedo a volverse pobres de nuevo y por supuesto desarrollan una aporofobia intensa, odian a los pobres porque una vez lo fueron y no quieren serlo de nuevo.

Indiqué en el párrafo anterior que era la raíz subjetiva, porque la objetiva es que la sociedad dominicana no ha alcanzado el estadio de una sociedad capitalista avanzada donde el control del enriquecimiento está fuertemente regulado y la corrupción es perseguida con intensidad. La economía dominicana, además de basarse en un modelo rentista, sigue sin ser una estructura moderna de generación de valor competitivo en el marco de la globalización. El aparato del Estado sigue al servicio de una burguesía en gran medida holgazana y permisiva con la corrupción de los actores políticos.

No obstante, en sociedades capitalista avanzadas, el caso de sociedades como la estadounidense y muchas de las europeas, hay expresiones de racismo y misoginia, pero siempre son entendidas como patología a extirpar, hasta si proceden de un presidente o primer ministro. En el caso dominicano esas manifestaciones enfermizas son ocultadas o tienen una permisividad grosera. Basta con observar el manejo de la prensa sobre los casos de feminicidios (crimen pasional, sospecha de infidelidad, perdió el control el agresor, etc.) o la forma en que expone todo hecho delictivo donde participa “un haitiano o haitianos”, despojándolo de su identidad y asignando a su nacionalidad la causa del delito.

Se impone un trabajo intelectual que arroje lucidez sobre la situación de nuestra sociedad y se devele en todos los casos la acción de las ideologías que manipulan la conciencia de la mayoría. Y por supuesto debemos seguir esforzándonos en fortalecer una educación liberadora de tales prejuicios y crítica frente a las ideologías y el modelo social que existe. Por otra parte está la tarea de construir núcleos familiares donde la dignidad de todos sus miembros sea respetada y el diálogo fraterno sea la norma de convivencia.

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