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Mirumi: el pequeño robot japonés que no da respuestas, pero conquista emociones

  • La experiencia de Mirumi se basa en la sorpresa y la naturalidad. Incorpora sensores táctiles en la cabeza que detectan caricias o pequeños golpes, y sensores de sonido que le permiten “escuchar” el entorno

En un mundo dominado por asistentes virtuales que informan, responden órdenes y controlan dispositivos, un diminuto robot japonés decidió ir por otro camino. Su nombre es Mirumi y, lejos de prometer productividad, propone algo más simple y a la vez más difícil: compañía emocional.

Presentado recientemente en el CES de Las Vegas, este minirobot llamó la atención por su aspecto adorable y por una premisa poco habitual en la robótica de consumo: no sirve para “hacer cosas”, sino para generar vínculo. Esa idea fue suficiente para convertirlo en tendencia y viralizarlo en redes sociales.

Un robot que se comporta como una pequeña criatura curiosa

Mirumi fue desarrollado por la empresa japonesa Yukai Engineering, conocida por crear dispositivos tecnológicos con rasgos lúdicos y emocionales. A primera vista, el robot parece un juguete de diseño: es pequeño, peludo y tiene grandes ojos expresivos. Pero su comportamiento es lo que realmente lo distingue.

No tiene pantalla, no habla, no responde comandos de voz ni ofrece datos útiles. En cambio, reacciona con gestos: inclina la cabeza, gira lentamente, se muestra tímido o curioso, como si tuviera una personalidad propia. La intención es que el usuario no lo vea como una herramienta, sino como un pequeño compañero.

Cómo interactúa Mirumi con las personas

La experiencia de Mirumi se basa en la sorpresa y la naturalidad. Incorpora sensores táctiles en la cabeza que detectan caricias o pequeños golpes, y sensores de sonido que le permiten “escuchar” el entorno.

Cuando percibe una voz o un ruido cercano, el robot gira la cabeza hacia la fuente, simulando atención. Si alguien lo toca, responde con movimientos suaves y expresivos. Estas reacciones no son idénticas: un algoritmo interno selecciona gestos de forma variable para evitar que el comportamiento sea repetitivo o predecible.

Esa falta de rutina mecánica es clave para que el usuario perciba a Mirumi como algo “vivo” y no como un simple dispositivo electrónico.

Pensado para llevar a todos lados

Uno de los aspectos que más contribuyó a su popularidad es su portabilidad. Mirumi tiene brazos largos y flexibles que le permiten sujetarse a mochilas, bolsos o maletas. Así, acompaña al usuario durante el día, observando el entorno y reaccionando de manera sutil a lo que sucede alrededor.

Su tamaño reducido y su peso ligero hacen que funcione casi como un accesorio, pero con una presencia emocional que va más allá de lo decorativo. Esta combinación de ternura, diseño y movilidad lo volvió especialmente atractivo para jóvenes, fanáticos de la tecnología y seguidores de la cultura pop japonesa.

Qué tecnología hay detrás de su apariencia adorable

Aunque su exterior es suave y minimalista, Mirumi incorpora tecnología avanzada. Cuenta con servomotores internos que permiten movimientos fluidos y precisos, sensores que interpretan el contacto humano y un chip que procesa las respuestas emocionales.

Funciona con batería recargable mediante USB-C y, fiel a su enfoque expresivo, avisa cuando necesita energía con un gesto particular de la cabeza, en lugar de una alerta sonora o visual.

Precio y disponibilidad

Según la información difundida en plataformas de financiamiento colectivo, Mirumi estará disponible en gris, rosa y marfil, con un precio estimado de 114 dólares. Las primeras entregas están previstas para abril de 2026.

Más que un gadget tecnológico, Mirumi representa una nueva forma de entender la robótica personal: menos funcional, más emocional. Un pequeño robot que no responde preguntas, pero logra algo igual de complejo: hacerse querer.

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