Miles de seguidores de Zelaya se congregan en Tegucigalpa para esperarlo
TEGUCIGALPA, Honduras. – Al grito de batalla de "¡Queremos a Mel!" y "fuera los traidores golpistas" miles de seguidores del depuesto presidente hondureño Manuel Zelaya se congregaron en Tegucigalpa para esperar su retorno este domingo, una semana después que fuera sacado del país por los militares. "Nos vinimos desde Choluteca (sur) porque queremos acompañar a 'Mel' (Manuel) en su regreso y garantizar que no le pase nada, porque él es presidente constitucional de los hondureños", dice Roberto Ríos. Como este trabajador de una maquiladora de camarones sobre el océano Pacífico, muchos miembros de sindicatos, organizaciones feministas, de indígenas, campesinos y 'Garifunas', una comunidad de zambos que habita el Caribe, llegaron en los últimos días a Tegucigalpa superando los retenes y controles establecidos en las carreteras. Muchos pasaron la noche en improvisados campamentos en la universidad Pedagógica y en sedes habilitadas por los sindicatos. Otros, como Ríos, encontraron albergue en una familia de clase media del barrio de Villas del Sur, que se solidarizó con la protesta. El líder campesino Rafael Alegría, dirigente de una de las organizaciones que participa en el llamado Bloque Popular que orienta las concentraciones, calcula que son "cerca de unas 100.000″ las personas que llegaron hasta la capital hondureña, pese a las medidas tomadas por el gobierno de Roberto Micheletti. Zelaya ratificó este domingo en Washington, donde la asamblea de la OEA suspendió el sábado a Honduras de la organización, que se propone regresar después del mediodía a Honduras, pese a las recomendaciones para que demore el viaje. Esas recomendaciones han sido formuladas por países como Costa Rica y Canadá y por la jerarquía de la iglesia Católica de Honduras, que a través de su cardenal Oscar Rodríguez le pidió que no regrese para evitar "un baño de sangre". El gobierno de Micheletti, quien asegura que en Honduras no ha habido un golpe de Estado sino una sucesión constitucional, señala que contra Zelaya existe una orden de captura por 18 delitos que se hará efectiva una vez pise suelo hondureño. "Como pueblo no vamos a dejar que caiga en manos de esas personas", asegura Oscar García, un campesino de 57 años que abandonó sus cultivos de frutas cerca de la capital, para venir a manifestarse. El propósito de los marchistas es rodear el aeropuerto internacional de Toncontín que sirve a Tegucigalpa, para asegurar que el presidente pueda aterrizar en él. En torno al terminal aéreo se ha dispuesto un fuerte cordón de seguridad conformado por policías antidisturbios y militares, con varias barreras de seguridad para impedir el paso de los manifestantes. Aunque los primeros días tras el golpe de Estado que sacó a Zelaya del poder se presentaron choques entre los uniformados y los manifestantes, que dejaron centenares de heridos y detenidos, en Tegucigalpa y otras ciudades del interior como San Pedro Sula (norte) y Choluteca, las últimas jornadas los propios dirigentes del Bloque Popular han evitado que haya confrontaciones. Incluso el viernes los manifestantes a favor del retorno de Zelaya se cruzaron a pocos metros en el centro de Tegucigalpa con otra manifestación a favor de Micheletti sin que se presentaran choques. "Nosotros somos pacíficos, sólo estamos exigiendo lo que es de ley", dice Julio Barahona, dirigente sindical y que niega que -como lo asegura el gobierno de Micheletti- las marchas estén siendo impulsadas desde el exterior por los gobiernos de Nicaragua y Venezuela. "Eso lo dicen para justificar la represión y la idea de que hay un enemigo externo", señala Barahona, en referencia a los anuncios oficiales de que al menos 12 extranjeros, en su mayoría nicaragüenses y salvadoreños, han sido detenidos por estar infiltrados dentro de las manifestaciones.