Hay algo que las redes sociales nos recuerdan con una fuerza que a veces no queremos mirar: la vida se acaba. Abrimos el teléfono y encontramos la noticia de alguien que conocíamos. Una persona joven, con proyectos, familia, sueños y todavía mucho por ofrecer. Ayer estaba aquí. Hoy ya no.
Y entonces pensamos: ¿qué estamos haciendo nosotros con el tiempo que tenemos?
No importa si vivimos 50, 80 o 100 años. Cuando hemos vivido con pasión, amado profundamente, trabajado por nuestros sueños y disfrutado de verdad, la vida siempre parece corta. Desde la mirada de las constelaciones familiares, podemos aprender a reconocer la vida como un regalo que recibimos.
Antes de nosotros hubo otros, y gracias a ellos estamos aquí. Algún día también tendremos que dejar nuestro lugar. Saberlo no debería llenarnos de miedo. Debería ayudarnos a despertar. Porque vivimos como si siempre hubiera tiempo para después: después comienzo, viajo, descanso, digo lo que siento, o, después arreglo mi vida.
Pero, ¿qué tan seguros estamos de que ese después llegará? La partida de otras personas nos recuerda que nadie tiene asegurado el próximo cumpleaños, la próxima conversación ni la próxima oportunidad.
Por eso vale la pena detenernos y preguntarnos: ¿estoy viviendo como realmente quiero vivir? ¿Estoy cuidando mi salud, mis relaciones, mis sueños y mi propósito?
Cada mañana que despertamos tenemos una oportunidad. Agradecer la vida también significa tomarla en serio. No esperar a tenerlo todo perfecto para vivirla. No sabemos cuánto tiempo tenemos. Mientras estoy aquí, trabajo por algo bueno, algo mío que vale la pena. ¿Y tú qué haces? Escríbeme y te leo.