Medición de la paz

Hay una práctica generalizada para medir el comportamiento de los países, sobre todo de la región, en varios aspectos, que incluyen la evolución económica, avance educativo, el nivel de endeudamiento y los procesos democráticos.

Nuestro país no está exento, y periódicamente entra dentro de los índices de medición. Esta vez figura entre las naciones de la región que presentan una baja en su índice de paz. Eso quiere decir que ya este fenómeno de la violencia, del incremento de la delincuencia y la intranquilidad ciudadana, de alguna forma, se transparenta en la merma de la paz.

Esa medición se transforma en percepción. Y la percepción forma parte importante de cómo los ciudadanos –dominicanos y extranjeros- asumen la realidad política, social y económica del país.

La paz, el sosiego ciudadano, el índice de criminalidad y violencia inciden hasta en áreas sugestivas, y tienden a afectar sectores de la vida económica a mediano y corto plazo.

De manera específica en todo lo que tiene que ver con el turismo y la garantía de que el país es un excelente destino para los negocios.

De manera que la paz es un activo intangible que el Gobierno y las autoridades de la “Ley y el orden” deben valorar y cuidar con mayor dedicación y voluntad.