Más y mejores controles
El dinero, para una gran mayoría, es el motor que moviliza las apetencias y el morbo del humano en su máxima dimensión.
En los deportes su incidencia cada día inclina más a muchos de sus propatagonistas a cometer fechorías de la más baja ralea, hechos impensables hace algunos años.
La ética, si el deterioro general sigue como va, parece que resultará un sueño, una quimera.
En las últimas semanas se ha comprobado que la corrupción y el dolo se han apoderado de entidades (federaciones, clubes y ligas), que se tenían como paradigmas de las sociedades donde se desenvuelven.
En las últimas semanas en el país han surgido voces que están propiciando que el Estado aumente sustancialmente el presupuesto anual que les asigna a las federaciones deportivas.
Estaría muy bien si se les dan más fondos, pero siempre y cuando sea bajo estrictos controles.
Los dirigentes que presiden federaciones son serios, pero como reza un refrán: la mujer del César no solo debe ser honesta, sino también parecerlo.
Por lo tanto, el Estado debe aplicar con rigor, sin piedad de ningún tipo, todas las medidas de lugar para evitar desengaños.