¿Más ahorro o más gasto? La compra de electricidad por recarga divide a los consumidores en los barrios
- Mientras algunos aseguran que el sistema prepago les permite controlar mejor el consumo y evitar deudas, otros afirman que terminan gastando más dinero en pequeñas recargas y viven con el temor constante de quedarse sin electricidad cuando el saldo se agota.
Santo Domingo.– Comprar electricidad como si se tratara de una recarga de celular ha cambiado la forma en que miles de familias administran el servicio eléctrico en sectores populares de República Dominicana. Sin embargo, entre los usuarios persiste una interrogante: ¿realmente el sistema prepago ayuda a ahorrar o, por el contrario, obliga a gastar más?
Un recorrido realizado por Cristo Rey, uno de los sectores donde opera esta modalidad, muestra que la respuesta depende de la realidad económica de cada hogar. Mientras algunos residentes sostienen que ahora administran mejor su presupuesto y consumen menos energía, otros aseguran que las recargas frecuentes terminan representando un gasto constante y que vivir pendientes del saldo les genera estrés e incertidumbre.
El sistema prepago funciona mediante la compra anticipada de energía en kilovatios-hora (kWh). A medida que el usuario consume electricidad, el balance disminuye hasta agotarse por completo. Cuando eso ocurre, el servicio se suspende automáticamente y solo se restablece tras realizar una nueva recarga.
Implementado hace más de una década como una estrategia para reducir las pérdidas de las empresas distribuidoras y fomentar la cultura de pago en zonas con altos niveles de morosidad y conexiones irregulares, el modelo permite a los usuarios comprar únicamente la cantidad de energía que su presupuesto les permita.

Quienes aseguran que sí ahorran
Julio García afirma que desde que cambió al sistema prepago gasta menos en electricidad porque controla mejor el uso de los electrodomésticos.
"No, no, no, se gasta menos. Se gasta menos", asegura.

Fernando Turbí coincide en que el principal beneficio es poder adaptar el gasto al dinero disponible. Aunque dice que no ha reducido el monto que destina a electricidad, considera que el sistema le facilita administrar sus finanzas, ya que puede hacer pequeñas recargas cuando lo necesita.
En el caso de Esnardo de Jesús de León Balbuena, propietario de varios apartamentos, el beneficio no ha sido económico sino administrativo. Explica que ya no enfrenta problemas con inquilinos que dejaban deudas en el servicio eléctrico.

Quienes sienten que terminan gastando más
La experiencia es distinta para Tamara La Antigua. Cuenta que debe recargar alrededor de 500 pesos con frecuencia para mantener el servicio y admite que en varias ocasiones se ha quedado sin electricidad porque no disponía del dinero para una nueva recarga.
Al preguntarle si el sistema le permite ahorrar responde de inmediato:
No, controlar el consumo."
Y sobre las ventajas, es aún más contundente:
"No hay ninguna ventaja."
La misma percepción tiene Juan Carlos, propietario de un negocio que depende de equipos de refrigeración. Explica que realiza recargas casi todos los días para evitar que se apaguen los equipos y se dañen los productos.
"Eso no ahorra nada; lo que hace es controlar obligatoriamente porque si no pagas te la cortan de una vez. No hay prórroga."

El ahorro depende del bolsillo
Las experiencias de los residentes muestran que el sistema prepago ha cambiado la relación de los usuarios con la electricidad. Para quienes logran planificar su consumo, representa una herramienta para evitar deudas y mantener un mayor control del gasto. Sin embargo, para familias con ingresos limitados o negocios con alto consumo energético, las recargas constantes pueden convertirse en una presión económica y en la preocupación permanente de quedarse sin servicio.
Más que un consenso sobre si se gasta menos o más, en Cristo Rey queda claro que la electricidad por recarga obliga a los consumidores a vigilar cada kilovatio consumido y a ajustar el uso de la energía al dinero disponible en el bolsillo.