María Ugarte, un ejemplo
María Ugarte constituye uno de esos excepcionales seres humanos a los que, aún partiendo de entre nosotros, resulta difícil y doloroso renunciar a ella y decir, sencillamente, adiós.
Ella siempre fue, y lo seguirá siendo, un ejemplo a seguir. Muchos valores deja entre nosotros. Ponderamos los más sólidos y necesarios en nuestros días. Su singular capacidad de entrega a la causa de los demás.
En una palabra, era ejemplo de solidaridad, de permanente entusiasmo. Madrina anónima de muchas causas.
De una verticalidad inspiradora, siempre.
Desde muy temprano hizo una elección por el arte. Escogió la promoción de las artes y de la literatura, y, sobre todo, su trabajo hizo de ella una excelente escritora. Escribía de teatro, de música, de historia.
Nunca se disputó ser dominicana, y aprendió a serlo, llena de entusiasmo y agradecimiento.
El tiempo dio sus frutos y recibió el reconocimiento de Patrimonio viviente de la República Dominicana que le otorgó el Estado dominicano, a través del Ministerio de Cultura; y, posteriormente, en 2006, el Premio Nacional de Literatura, conjuntamente con la Fundación Corripio.
Nació en Segovia el 22 de febrero de 1914. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid, hoy Complutense, especializándose en Ciencias Históricas.
Una vez graduada se quedó en la academia como profesora ayudante de la cátedra de Historia Contemporánea de España.
En 1939 sale de su país natal hacia Santo Domingo; y desde 1940 hasta hoy la tuvimos entre nosotros; y, ciertamente, de las nuestras, una verdadera dominicana.
Paz a sus restos y nuestras condolencias a su hija Carmenchu Brusíloff y demás familiares.