Vivimos momentos que pueden despertar miedo, incertidumbre y preocupación. El conflicto entre Estados Unidos e Irán continúa generando tensión, mientras las negociaciones sobre el estrecho de Ormuz permanecen estancadas. Las noticias hablan de amenazas, posibles ataques, petróleo y consecuencias económicas. Ante tanta información, es comprensible sentir ansiedad.
Pero ¿cómo podemos proteger nuestra paz?
Mantener la calma no significa ser indiferentes ni cerrar los ojos ante la realidad. Significa recordar que no podemos controlar las decisiones de los gobiernos, pero sí podemos decidir cuánto espacio les damos dentro de nuestra mente.
Informémonos, pero no vivamos pegados a las noticias. Elegir momentos específicos del día para conocer lo que ocurre puede ayudarnos a evitar que la preocupación se convierta en miedo permanente. También es importante verificar las fuentes antes de compartir mensajes que puedan aumentar la angustia.
Respiremos. Caminemos. Oremos o meditemos si eso nos conecta con nuestra espiritualidad. Hablemos con nuestros seres queridos. Abracemos a quienes tenemos cerca. Hagamos algo bueno por otra persona. En momentos difíciles, esos pequeños actos nos recuerdan que tenemos capacidad de construir paz. Quizás no podamos cambiar lo que sucede en el estrecho de Ormuz, pero podemos decidir qué sucede en el estrecho de nuestro corazón: ¿dejaremos pasar el miedo o abriremos espacio para la esperanza?
La paz también se construye desde adentro. Hoy, más que nunca, necesitamos ser refugio de calma para nosotros y para quienes nos rodean. Porque el mundo necesita menos miedo y más seres humanos dispuestos a elegir la paz.