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La presidenta brasileña Dilma Rousseff redobla los intentos de recomponer las relaciones políticas en momentos en que cobran fuerza los pedidos de juicio político y se dispone a enfrentar nuevas protestas en agosto.
La declinación de las inversiones, el creciente desempleo y la aceleración de la inflación han socavado el apoyo a la presidenta desde que ganó la reelección en octubre. Muchos legisladores de la coalición gobernante comenzaron el mes pasado a rebelarse contra las medidas de austeridad.