Luperón frente al poder yanki

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Rafael Chaljub Mejìa

Dejo a un lado la actualidad y me ocupo de la historia. 1869, durante la guerra de los seis años contra el propósito del presidente Buenaventura Báez de anexar la República a los Estados Unidos, gobernado entonces por Ulises Grant, cómplice de Báez, el general Gregorio Luperón organizó la expedición del vapor Telégrafo, hizo algunas incursiones al territorio dominicano y fue declarado pirata por el gobierno baecista, Grant también impartió orden de captura contra el prócer.

Al protestar contra ese acto, dice don Emilio Rodríguez Demorizi, “Luperón escribió entonces una de las más bellas páginas de nuestra historia, que hoy no podría ser leída sin emoción, y sin ver en ella, como en David ante Goliat, al débil por encima del fuerte, al inerme dominicano, al mismo Luperón, por sobre el poderoso yankee, nada menos que el presidente Grant. Pocas veces, en la América, un político hispanoamericano se ha enfrentado con tanta altivez, con tanta verdad al omnipotente del norte”.

Algunos apartes de la carta refuerzan esa apreciación. “El gobierno americano… se ha aliado al traidor Báez, para perseguir a los buenos ciudadanos y aniquilar la independencia dominicana… S. E. tuvo la debilidad de ordenar… la destrucción del Telégrafo, dando acogida criminal al mercenario Senado de Báez.

“…Si apeláramos ambos a un juicio imparcial de las naciones cultas y preguntáramos cuál es el verdadero pirata: entre el general Luperón, que montaba el vapor Telégrafo, procuraba salvar la integridad territorial del suelo que lo vio nacer, o el presidente Grant, que envía vapores a ampararse de Samaná, sin previa autorización del Congreso americano; la solución no sería a mi ver muy difícil…

S.E ha abusado de la fuerza para proteger la más baja corrupción. Y si es humillante para el pueblo dominicano tener mandatarios tan traidores, no es menos indecoroso para el gran pueblo americano el que su Gobierno consienta en tan ruines achicamientos.

“Las estafas de este género no tienen porvenir, no se borra una nación, por pequeña que sea, como una huella estampada sobre arenas…

La repetida doctrina Monroe tiene sus vicios y sus delirios, nosotros creemos que la América debe pertenecerse a sí misma y alejada de toda influencia europea, vivir como el mundo viejo, de su propio vino…; pero no pensamos que la América debe ser yankee”. En estos tiempos de tanta injerencia y tanto entreguismo, cuánta falta hacen protestas como esa.

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