Luchar por un futuro mejor
La sociedad capitalista atraviesa por una crisis sistémica sin precedentes. Desde septiembre del 2008 las bolsas de valores de los principales países capitalistas han venido cayendo en picada, con escasas perspectivas de recuperación a corto y mediano plazo.
Importantes compañías norteamericanas de todas las ramas, financieras, inmobiliarias, industriales, etc., se han ido a la bancarrota, afectando directamente los niveles de vida de ese pueblo, y creando una secuela de desempleo que solo en los Estados Unidos representa una pérdida mensual aproximada de 600 mil empleos.
El pueblo dominicano, cuyos ingresos dependen en una importante proporción de las remesas que les envían sus familiares residentes en los países capitalistas desarrollados e islas adyacentes caribeñas, ven decaer esos ingresos debido a la apreciable disminución de las mismas, fruto del señalado desempleo que azota esas economías.
Además, la crisis sistémica global ha contribuido con el cierre de muchas zonas francas del país, provocando que miles de trabajadores y trabajadoras hayan sido arrojados a las calles.
Y el gobierno del Partido de la Liberación Dominicana, sin ninguna previsión, sigue embarcado en sus presuntuosos megaproyectos viales, inversiones que en nada responden a las necesidades prioritarias que exige la sociedad dominicana en su conjunto. Es el gobierno de un partido empecinado en el continuismo, que ya impuso su proyecto constitucional hecho a su medida; en continuar afectando a la población con cargas impositivas insoportables y seguir desfalcando el erario, negándole a las mayorías nacionales sus necesidades básicas y perentorias.
Ante esta tragedia nacional, el pueblo se ha estado levantando en luchas constantes y progresivas en las calles, carreteras y avenidas del país, exigiendo sus más ansiadas reivindicaciones. Sin embargo, esa búsqueda por lograr las reivindicaciones más sentidas recibe como contesta solo promesas y violencia policial-militar.
A medida que la crisis, que ya afecta las principales economías del mundo, continúe profundizándose en el país, el escenario para batallas campales reivindicativas de amplios sectores de la población irá ensanchándose, y los resultados en cuanto a las repercusiones que estas luchas podrían desencadenar en el aspecto social y político son impredecibles.
El momento es oportuno para imprimirle una dirección apropiada a estas luchas, planificarlas y desarrollarlas de manera armoniosa y organizada para que puedan surtir los efectos esperados en cuanto se refiere a los cambios políticos, sociales y económicos que puedan dar al traste con el estado de cosas vigentes.
En este sentido, se debe adaptar la táctica, la estrategia y la organización a las nuevas exigencias de la vida, de manera que podamos participar de una forma más activa y organizada en las luchas sociales y reivindicativas a los fines de encausarlas por el camino que conduzca hacia la toma del poder del Estado.
Los partidos que enarbolan el patriotismo, los que defienden la soberanía nacional, los que defienden la dignidad de nuestro pueblo, deben unirse en un solo proyecto político y trabajar arduamente en estos próximos cuatro años que se inician en el 2012 para acumular las fuerzas necesarias que nos permitan poder terciar en las elecciones del 2016 con el respaldo mayoritario del pueblo dominicano.
Esta labor política debe empezar temprano, o mejor dicho, ¡ya!, para poder navegar con éxito contra la marea avasallante de la derecha que desgobierna el país y que tantas calamidades ha ocasionado a la patria y al pueblo dominicano.
Nuevos vientos libertarios se vislumbran en el horizonte político dominicano. Es imprescindible confiar en la inteligencia del pueblo dominicano, en sus fuertes convicciones patrióticas, en su pasado heroico, en su tradición de solidaridad con las mejores causas de la humanidad.
Colocar en su justa dimensión la trayectoria histórica de este pueblo tan sufrido, tan maltratado y humillado por la derecha política, es confiar en su espíritu optimista y su fe en el porvenir Solo con ese enfoque y esa visión es posible ganarse su corazón, dirigir sus luchas y encaminarlo hacia su completa emancipación.
*El autor es abogado, secretario general de la Asociación Americana de Juristas (AAJ).