Los policías: identidad inquieta (4 de 5)

Los policías: identidad inquieta (4 de 5)

Los policías: identidad inquieta (4 de 5)

Wilfredo Mora

4.- El cerebro de un agente policial. No se trata de la historia narrada por Alfred Henry Jarry (1873-1907), escritor hilarante y maestro del teatro del absurdo, quien dijo cierta vez, que si practicamos una autopsia en el cerebro de los agentes policiales, descubriremos que está vacía y rellena de diarios, porque la experiencia de las noticias impresas da cuenta de los miles y miles ciudadanos muertos, y que ahora no son más que noticias, desgraciadamente, muertos a manos de estos infelices.

Esta “mercadería”, que son los muertos a manos de los agentes policiales, es menos rara que la sustancia cerebral de esa pobre alma.

Si los cerebros de los policías no están enteros, es porque éstos se han convertido en víctimas del deber. Y el terror de los ciudadanos se torna evidente, por aquello de que hay un “adversario capaz de saltar la tapa de los sesos” y el daño tan anodino que puede producir, se le ve como “una aguja de ropavejero en un tacho de basuras”.

La Jefatura de la Policía Nacional promete ser una editora de diarios. Clama en contra de los delincuentes y mantiene llena de diarios los cerebros de los policías. Los agentes, encargados de velar por el reposo de los ciudadanos, constituyen –visto así el asunto– un peligro público con la cabeza rellenada.

No obstante, hay que obligar a un agente de Policía a que estudie un manual de conducta policial. Su stress policial ya es un “eficiente y peligroso segundo hombre llevado a bordo.”

La obediencia a los superiores es absoluta y el cumplimiento de las órdenes, es extrañamente jerárquica: el recluta teme al superior, como el niño al padre autoritario. Los agentes de la Policía no tienen salud; recurrir a la violencia contra los ciudadanos es signo de enfermedad.

La labor que realizan los agentes es diferente a cualquier trabajo realizado por un ciudadano común, ello hace que este mismo agente policial, sujetado por la institución, termine adaptando todas sus actividades de una manera peculiar, que le obliga a funcionar de manera anormal, por veces, dejando que sus actividades interfieran en la dinámica de su salud, en su equilibrio y bienestar.

También la ciudadanía está dolorosamente conmovida, pero de ninguna manera la institución policial está asombrada ante este problema que todos deseamos que cambie ya.

2Ese fenómeno nos lleva a revalorar la Policía Preventiva, que hoy por hoy, está al frente de la persecución de atracos y asaltos, pero que está dejando de realizar tareas menores, en realidad más esenciales desde el punto de vista del ideal de la seguridad urbana.

La Policía Preventiva tiene que enfocar su actividad en la prevención de la degradación barrial, la pequeña delincuencia del hurto, del pequeño distribuidor de droga, de los pandilleros, control de armas de fuego, reyertas y otras pequeñas cosas que degradan el espacio público como el graffiti, la suciedad y la basura en las calles, los vendedores ambulantes al margen de la ley, los vehículos abandonados, los ruidos molestos, los colmadones, edificios desahuciados, etcétera.

De continuar de una única forma, enfocados en perseguir asaltantes, atracadores, va a generar más muertos.



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Wilfredo Mora