Los patriotas y los títeres de siempre
Con la ocupación de las tropas yanquis a nuestro país en 1916, surgieron los patriotas de siempre, los que combatieron con su pluma y su acción ese crimen de lesa patria, cometido por los imperialistas norteamericanos. Patriotas de la talla de Ercilia Pepín, Luis C. Del Castillo Rodriguez-Objío, Pedro Henríquez Ureña, para solo mencionar algunos, asumieron posiciones radicales en defensa de nuestra soberanía e independencia, dignas del más grato recuerdo en la memoria histórica del pueblo dominicano.
De igual modo, patriotas con los atributos de Gregorio Urbano Gilbert, ese heroico joven que la emprendió a tiros contra las tropas de ocupación en el momento que desembarcaban en el puerto de San Pedro de Macorís, matando un oficial en el acto e hiriendo a otros, jamás serán olvidados por el pueblo dominicano; o los legendarios Guerrilleros del Este que se alzaron en las montañas y valles de esa región del país, a combatir con las armas en las manos al yanqui invasor.
Paralelamente a esos dominicanos ejemplares, de la pluma y la acción heroica, surgieron personajes que defendieron a los que mancillaban la Patria. Es el caso de Juan Bautista Vicini Burgos, que ocupó la posición de presidente provisional de la República y quien decidió declarar en vigor con el Decreto No. 2, del 23 de octubre de 1922, G.O. No. 3371, todas las Ordenanzas y Resoluciones Ejecutivas; los Reglamentos Administrativos y los Contratos del Gobierno Militar… Pretendiendo dar viso de legalidad a la ilegal y arbitraria ocupación militar. O Rafael L. Trujillo Molina, quien se dedicó, en su calidad de militar al servicio de las tropas yanquis, a perseguir y matar a los guerrilleros de la región Este.
Mientras los mejores hijos e hijas de la Patria luchaban con denuedo por liberar el país de las garras imperiales, otros apoyaban y participaban de las barbaridades y crímenes de las botas invasoras en contra de la nacionalidad y de la población civil indefensa; demostrando su servilismo a los intereses foráneos y actuando como fieles continuadores de los Santana y los Báez.
Sin embargo, los patriotas, perpetuadores de las tradiciones Febreristas y Restauradoras, obligaron, con su lucha tenaz, a que las tropas invasoras desocuparan nuestras sagradas tierras en 1924.
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