Los Mandela no mueren

El gran Nelson Mandela marcó la historia del mundo no simplemente por lo que hizo, sino por cómo lo hizo.

Durante más de 60 años luchó contra un inhumano régimen de segregación impuesto por una minoría que dominaba todas las estructuras de poder político, económico y social en su natal Sudáfrica.

Gran parte de sus batallas las libró desde la cárcel, donde fue mantenido durante 27 años con la intención de doblegarle el espíritu, pero mantuvo su convicción de que ese estado de cosas no podía mantenerse.

Su causa se impuso con el tiempo y cuatro años después de haber sido liberado se convirtió en el primer presidente negro de su país, donde los blancos eran una minoría. El mundo empezó a observarlo con curiosidad desde que asumió el mando de su país en 1994. Sorprendió a todos, pues usó el único mandato al que aspiró para reunificar a su pueblo y romper la separación racial.

Desde su salida de la cárcel lo único que segregó en su vida fue el odio, y desde el poder inspiró la unidad nacional, por eso hoy lo veneran negros y blancos en su país.

Asumió el liderazgo político de Sudáfrica para virarla hacia la convivencia pacífica, democrática y respetuosa. No intentó convertirse en un caudillo, lo que a su vez lo erigió en referente moral del mundo.

Los Mandela no abundan en la historia.

Los Mandela inspiran el bien.

Los Mandela no mueren.

Nos inclinamos frente a Mandela.