Los esteroides y las GL
Aunque se quiere desconocer, el consumo de esteroides elevó la popularidad del béisbol en la etapa que más lo necesitó, tanto, que los ejecutivos de las Grandes Ligas, encabezados por el comisionado Bud Selig, se hicieron de la vista gorda.
Por esa razón nunca le dijo nada a Mark McGwire ni a Barry Bonds.
El éxito era tan notable que Selig se resistió durante mucho tiempo a aceptar las reglas de la agencia antidopaje mundial y sólo le hizo caso, cuando varios senadores del Congreso de los Estados Unidos le dieron un gran jalón de orejas para que preservara la pureza de ese evento.
En la era de los esteroides varios jugadores dominicanos junto a otros latinos alcanzaron una enorme popularidad. Parte del grupo encabezado por Sammy Sosa, quien, aunque nunca se lo han comprobado, fue sacado por la puerta de atrás de las GL.
La secuela de los esteroides ha sido maligna para los dominicanos, ya que siempre se pensó que por las excelentes carreras que desarrollaron en las Mayores, para este tiempo por lo menos cinco iban a tener asegurado su nicho en el Salón de la Fama de Cooperstown.
Hasta ahora sólo se pueden ver con excelentes oportunidades a Pedro Martínez, quien brilló como nadie en la era de los esteroides, y Vladimir Guerrero, a quien nunca se ha ligado a esa actividad.
Es casi seguro que el país ya perdió los espacios que lucían reservados para Sammy Sosa, por sospecha, aún sin demostrárselo; Manny Ramírez, quien salió como el más sinvergüenza de todos, y queda por ver qué pasará al final con Alex Rodríguez.
La otra gran esperanza de los dominicanos es Albert Pujols, quien es señalado como el jugador más puro del evento, hasta que se demuestre lo contrario.