Los discursos

Los funcionarios, legisladores y alcaldes acostumbran de manera recurrente a ganar tiempo, a través de los discursos, cuando no tienen una oferta idónea, una eficaz carta de servicio, o una respuesta contundente a los retos y las tareas que les son encomendadas.

Cuando un funcionario, legislador o alcalde hilvana un discurso el pueblo intuye que esconde algo; y tiene que ir más allá de las palabras para ver las verdaderas ejecuciones y los beneficios tangibles que puede obtener la población, en un momento determinado, sin muchos discursos.

De un tiempo a esta parte los discursos –o su ausencia– defienden u ocultan realidades económicas, sociales y hasta culturales. Eso sucede con las exposiciones de rendición de cuentas de los alcaldes, en las distintas provincias y municipios, el pasado 16 de agosto.

Escuchando los discursos el país es uno; y cotejando la rendición de cuentas con la realidad que viven todos y cada uno de los ciudadanos, vemos que no concuerdan con el país que tenemos.

Todavía la palabra “basura” no sale de los discursos de los incumbentes de los cabildos.

Todavía no damos el salto dialéctico que haga ver a los alcaldes, regidores y munícipes asociados en un proyecto de futuro que apuesten a más y mejores servicios.

Aún tenemos funcionarios que anteponen la elocuencia al cumplimiento pleno de sus responsabilidades.

Hace falta que las comunidades no esperen, sino que aprendan a pedir a los cabildos lo que verdaderamente necesitan.