Los desafíos de la Universidad Autónoma de Santo Domingo en sus 488 años de existencia

Dra. Jovanny Ortega
Dra. Jovanny Ortega. Fuente externa.

Por: Jovanny Ortega

La Primada de América está de aniversario. Este 28 de octubre, la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) cumplirá 488 años de existencia, acercándose a los cinco siglos de una historia vinculada al desarrollo del país y al ascenso social de generaciones de dominicanos, particularmente de aquellos provenientes de los sectores más vulnerables.

Su trayectoria merece celebrarse. Pero la grandeza de su pasado no la exime de examinar críticamente su presente. Hoy, la universidad más antigua de América enfrenta, entre otros, tres desafíos decisivos: las transformaciones generacionales, la expansión territorial y el acelerado desarrollo de las tecnologías digitales. ¿Cómo responder a estas realidades sin perder su identidad como universidad pública, autónoma y comprometida con la sociedad?

José Ortega y Gasset, en Misión de la Universidad (1930), concibió la formación universitaria como una tarea que trasciende la preparación para una profesión: también debe proporcionar cultura y comprensión del tiempo que nos toca vivir. Esa perspectiva obliga a mirar los desafíos actuales no como problemas aislados, sino como expresiones de una pregunta mayor: ¿Qué universidad necesita la sociedad dominicana para las próximas décadas?

El desafío generacional: nuevas maneras de aprender y enseñar Las generaciones que ingresan a nuestras aulas se relacionan con la información de forma distinta a las anteriores. La inmediatez digital, los lenguajes audiovisuales y el acceso permanente a contenidos han cambiado sus hábitos, aunque no siempre han fortalecido su capacidad para analizar lo que consultan. La respuesta universitaria no puede ser la simple acumulación de dispositivos: debe traducirse en una renovación pedagógica rigurosa.

Paulo Freire, en Pedagogía de la autonomía (1996), escribió que «enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades de su producción o de su construcción». Esta idea sitúa al docente como orientador del pensamiento, la indagación y el juicio crítico. Supone promover métodos activos, lectura profunda, argumentación y evaluación que valore la comprensión, no únicamente la repetición.

Al mismo tiempo, el desafío alcanza al propio profesorado. La UASD necesita un relevo generacional planificado que combine la experiencia acumulada de sus académicos con las perspectivas de nuevos docentes. Se trata de propiciar mentorías, formación continua y mejores condiciones para la investigación y la innovación, no de enfrentar generaciones. Una institución que aspira a permanecer vigente debe asegurar la continuidad de su memoria y la renovación de sus prácticas.

La expansión territorial: acceso con calidad y pertinenciaLa presencia de la UASD en distintas regiones del país ha contribuido a acercar la educación superior a poblaciones históricamente alejadas de las grandes concentraciones universitarias. Esa democratización del acceso constituye un logro social que debe preservarse. Sin embargo, la multiplicación de recintos, centros y subcentros demanda una pregunta impostergable: ¿crecen al mismo ritmo la matrícula, la infraestructura, los recursos académicos y la capacidad de gestión?

Boaventura de Sousa Santos, en La universidad en el siglo XXI (2005), invita a pensar la universidad pública desde su legitimidad social y su capacidad para democratizar el conocimiento. Aplicado a nuestro contexto, ello implica reconocer que el derecho a ingresar debe acompañarse de condiciones reales para aprender, permanecer y graduarse con una formación sólida.

Cada unidad académica territorial necesita docentes preparados, bibliotecas y recursos digitales, laboratorios cuando corresponda, servicios estudiantiles y oportunidades de investigación. También requiere una oferta de carreras vinculada a las necesidades productivas, sociales y culturales de su entorno. Descentralizar no debe equivaler a fragmentar: exige una planificación institucional común, junto con capacidades operativas que permitan atender oportunamente las particularidades regionales. Expandirse, en definitiva, no es solo llegar a más lugares; es garantizar calidad dondequiera que la universidad esté presente.

El desafío tecnológico: innovación con sentido humanoLa irrupción de la inteligencia artificial y la expansión de los entornos digitales están transformando la producción del conocimiento, el ejercicio profesional y la enseñanza. Edgar Morin, en Los siete saberes necesarios para la educación del futuro (1999), subraya la necesidad de educar para comprender la complejidad y afrontar la incertidumbre. Su reflexión cobra especial vigencia cuando los cambios tecnológicos avanzan más rápido que muchas respuestas institucionales.

La pandemia por COVID-19 mostró tanto el potencial como las debilidades de la docencia virtual. La adaptación de profesores y estudiantes permitió sostener numerosos procesos formativos, pero también puso de relieve brechas de conectividad, preparación didáctica y acompañamiento. Esa experiencia debe servir para construir modalidades educativas con planificación, recursos y criterios de calidad; no para confundir innovación con trasladar mecánicamente la clase presencial a una pantalla.

En su informe Reimaginar juntos nuestros futuros (2021), la UNESCO afirma: «Para forjar un futuro pacífico, justo y sostenible la educación tiene que transformarse». Esta orientación invita a incorporar la inteligencia artificial sin renunciar a la ética, la autoría académica ni el pensamiento independiente. La universidad ha de enseñar a contrastar fuentes, reconocer limitaciones de los sistemas automatizados y usar estas herramientas para ampliar capacidades humanas, no para sustituir el ejercicio intelectual.

Una celebración que convoque a la transformación Estos desafíos convergen en una exigencia transversal: fortalecer la calidad y la sostenibilidad institucional. La renovación docente, la expansión territorial y la transformación tecnológica requieren planificación estratégica, investigación pertinente, evaluación continua, participación de la comunidad universitaria y financiamiento adecuado. La autonomía académica encuentra su mejor expresión cuando se acompaña de responsabilidad pública y compromiso con los resultados de la educación.

A sus 488 años, la UASD tiene razones para enorgullecerse de su legado, pero también el deber de proyectarse. Su futuro dependerá de cómo logre armonizar juventud y experiencia, cobertura y calidad, tecnología y humanismo. El desafío no consiste únicamente en llegar a los 500 años, sino en hacerlo como una universidad más sólida, pertinente y preparada para servir a la nación.

Porque la verdadera grandeza de una universidad no se mide solo por los siglos que acumula, sino por su capacidad de transformar su historia en oportunidades para las generaciones venideras.

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