Los crecientes casos de sicariato
El país ya siente los efectos macabros de un monstruo que crecía frente a sus ojos, pero que la sociedad se resistía a ver.
La población observa ahora con estupor uno de los más macabros tentáculos del crimen organizado, que fue traído de la mano del narcotráfico pero que hoy se diversifica.
Los asesinatos por encargo, conocidos como sicariato, proliferan peligrosamente en nuestro territorio. Hay ciudades, como por ejemplo La Romana, donde hay identificadas varias bandas que se dedican a esa actividad criminal.
Ya no se dedican exclusivamente a cumplir encargos entre narcotraficantes. Cada vez se observan con más frecuencia casos de sicariato por asuntos sentimentales, intimidación de testigos en casos judiciales, eludir el pago de honorarios o por asuntos de deudas convencionales.
La legislación dominicana anda retrasada en esta materia, pues todavía quien manda a matar a otra persona es considerada “cómplice” y no autor o coautor.
La judicatura tampoco ha sido implacable en estos casos y se puede comprobar con el caso del abogado Jordi Veras, quien todavía combate en los tribunales contra la persona acusada de haberlo mandado a matar.
Pero también las autoridades judiciales y policiales han sido desbordadas por la creciente tendencia de los casos de sicariato.
Aún estamos a tiempo de detener el avance de esta modalidad del crimen organizado, pero con acciones contundentes.
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