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Los camaleones políticos

La historia está escrita por los vencedores. Frase que revela la cruel realidad de todo aquello acontecido. Periodistas, redactores, historiadores, todos, recogen siempre, quiérase o no, las informaciones con la visión particular de quien las escribe.

Por ello es necesaria la investigación de los hechos, así como de los actores, su perfil y personalidad, para comprender de manera más imparcial la historia.

Es así como volví a la lectura acerca de la revolución francesa, y en ella a Joseph Fouché, personaje que se caracterizó por su habilidad en asegurar su propia supervivencia y por alcanzar y mantenerse en el poder a toda costa. Un hombre escondido en la telaraña política que enmarcó el proceso histórico de la democracia moderna.

Fouché, aquel hombre que habiendo sido monje supo pasarse al lado de los más radicales de los jacobinos, sin un pestañear. De religioso que propugnaba por la salvación de la vida humana, se pasó a Diputado de la Convención, hasta llegar al punto de pedir “La mort” para el rey Luis XVI, y convertirse en el vengador de Lyon, terminando siendo el más inclemente de los anti-radicales.

Fouché sigue su camino hasta ser exiliado, para regresar de nuevo sobre la cola de Bonaparte, de quien fue senador, y a quien más adelante traiciona y termina facilitando el retorno de la monarquía. Todo un camaleón.

La política dominicana también tiene a sus camaleones políticos, aquellos que cambian de ideales como si fuesen los vientos de un huracán. Hombres, en el sentido metafórico de la palabra, que se pasean del radicalismo al conservadurismo y viceversa, sin pena ni vergüenza. Hombres cuyo único principio es el yo y el bienestar propio. Piense usted en los Fouché de la política dominicana y observe quiénes también actúan como camaleones.

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