Los buenos

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Ana Blanco

El otro día en el parqueo de un supermercado se me acercó una mujer. Me ofreció un boleto de una rifa para recaudar dinero para una necesidad personal que tenía.

Le compré. Iba con mi hijo. Él no comentó nada en el momento. Pero después visiblemente enojado me dijo: “Te han engañado mamá, eres demasiado buena y confiada”.

Me di cuenta que ya a su corta edad se ha dado cuenta que hay que tomar ciertas decisiones guiados por la cabeza más que por el corazón y me dio cierta tristeza confirmar que a medida que crecemos crece nuestra desconfianza hacia los demás. Superviencia, lo llaman algunos.

¿Qué le contesté? Que seguramente tenía razón pero que el problema lo tenía esa señora, no yo.

Que yo lo hice consciente y sin dudas, con la motivación de que quizá con ese granito de arena ayudaba a alguien. Y que me salió desde adentro, con mi visión de que las personas son buenas.

Esa noche dormí tranquila. La persona que me vendió la boleta, si se dedica a engañar, no podrá decir lo mismo.

Mi hijo se quedó callado. Horas después me dijo: “Mamá te entiendo y tienes razón, hay que actuar siempre en base a tus creencias y valores”. Me sentí feliz.

No voy a permitir que lo mal hecho me lleve a mirar a los demás con desconfianza, temor u odio. No crean que por eso voy por la vida sin analizar o pensar las cosas.

Todo lo contrario. Pero siempre lo hago desde un punto de vista positivo, de confraternidad, solidaridad y respeto.

Me han engañado muchas veces, claro que sí. Pero son muchas más las que he logrado cambios e impacto en la vida de otras personas. Que los buenos seamos más, siempre.

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