Lo que el Clásico Mundial ha revelado sobre República Dominicana
Evento mundialista pone de relieve país y sus particularidades
Santo Domingo.- Es difícil conjugar en pocas líneas lo que ha puesto de relieve el Clásico Mundial de Béisbol en torno a República Dominicana.
Para empezar, el Clásico nos ha mostrado que cuando el dominicano se dedica a una tarea con esmero puede rivalizar con cualquier nacional de otro país. Lo resalto porque todavía circula en la mentalidad de algunos la idea de que somos vagos, despreocupados o dejados. Nada más alejado de la realidad.
Nelson Cruz y Albert Pujols, junto a todo el personal de apoyo de la Federación Dominicana de Béisbol, coaches y exjugadores, se dieron a la tarea de reclutar a los mejores del negocio. Establecieron contacto con sus respectivas organizaciones, idearon planes para que no se interrumpiera el desarrollo de los jugadores, enviaron scouts a Asia para investigar a los equipos del otro lado del mundo.
En fin, hicieron lo suyo. Y eso sin mencionar a los jugadores, que ya constituyen otra gran historia.

Más allá del resultado final, al cierre de esta edición del Clásico Mundial de Béisbol la labor del equipo dominicano evidenció, una vez más, que somos capaces de competir al más alto nivel y que nos convertimos en un rival peligroso cuando aplicamos disciplina a nuestras tareas.
La política y la economía en el Clásico Mundial
Pero el Clásico también dejó otras lecciones.
Nos dio una cátedra sobre política, religión y negocios. Nos recordó la importancia de contar con capitales que mantengan vínculos profundos con el país y de preservar esos lazos.
No se trata de rechazar la inversión extranjera; al contrario, que venga todo el que quiera invertir. Pero nunca debe olvidarse el valor de empresas icónicas cuyos vínculos con la nación trascienden lo meramente económico.
Entidades como la Cervecería Nacional Dominicana, por citar solo un ejemplo, decidieron involucrarse activamente con el Clásico Mundial de Béisbol aun teniendo en agenda otros compromisos de gran magnitud.
Se trata de un ejemplo de lo que significa no limitarse a aplicar, por cumplir, un capítulo de responsabilidad social corporativa, sino vivirlo y sentirlo desde la identidad dominicana.
También aprendimos que las diferencias pierden importancia cuando existe un objetivo común. El presidente Luis Abinader estuvo presente en el juego inaugural; Leonel Fernández, líder de la oposición, también hizo acto de presencia en el LoanDepot Park de Miami.

En ese mismo escenario se pudo ver a David Collado compartir con Fernández, mientras en Santo Domingo la alcaldesa Carolina Mejía facilitaba que miles de capitaleños siguieran los partidos instalando pantallas en el Malecón.
Dominicano y ya
Si algo ha demostrado el Clásico Mundial de Béisbol es que al dominicano no le importa demasiado si su conciudadano nació aquí o allá, ni siquiera si habla español. Basta con que se identifique con la patria y lo proclame con orgullo.
Si no, pregúntenle a Austin Wells, un jugador cuyas raíces dominicanas estaban a punto de diluirse en el tiempo y que ha recibido un bautismo de pueblo que difícilmente lo dejará siendo la misma persona.
Pero quizás la enseñanza más profunda del Clásico Mundial es la que el mundo pudo ver desde las gradas, las calles y las pantallas.
Allí quedó retratado un pequeño país habitado por gente buena, trabajadora, esforzada y diversa; un pueblo que sabe celebrar la vida, que ríe más alto que todos, que vocea y que da cuerda, pero que también abraza con respeto.
Un pueblo que, lejos de ser racista o xenófobo, ha demostrado ser profundamente humano y cuya identidad cultural matizada por sus valores cristianos y familiares, sigue siendo punto de atracción para muchos que quedan seducidos por estos 48, 448 km² habitados por la gente más alegre y hospitalaria del planeta.
