Lo mejor de lo nuevo
Las posibilidades de triunfo de una organización política están ligadas a su capacidad de ser holograma del momento que vive la sociedad que aspira representar.
Las próximas elecciones serán en unos cuatro años y por ley de vida todos habremos envejecido, unos más que otros, y en esto, la peor parte la llevan aquellos que no conocieron la sociedad tecnológica.
Todo político que no se actualizó en términos informáticos y por consiguiente, en manejo de redes sociales y aplicaciones, queda automáticamente out, pues curiosamente (y cae como anillo al dedo el término) no conectará.
Desde ya, escucho voces hablando del relevo; por supuesto que lo suscribo. De hecho, creo que ha sido postergado más de lo que debería, pero resulta que hay quienes entienden que debe ser por simple default: joven = relevo.
Ser joven no es el ticket de entrada a una nueva generación de políticos. Conozco decenas de jóvenes maleados por viejas prácticas, así como viejos a quienes la juventud de su corazón se refleja en el prístino accionar a lo largo de su carrera política.
Si realmente se quiere forjar una nueva camada de dirigentes, hay valores muy definidos que serán los que determinen su potabilidad. Los resumo en tres:
1. Preparación
2. Compromiso social
3. Lealtad partidaria
Cada una de esas cualidades podrían subdividirse en otras, dependiendo del perfil individual de cada persona. Ya ésos serán extras y probablemente, el que acumule mayor cantidad será el líder generacional.
Creo firmemente en un joint venture de gente que tiene mucho que enseñarnos y también de una nueva casta dispuesta a afrontar el desafío de aquellos que reclaman el imperio de la conceptualización.
Una vez más hay que recordar a José Francisco Peña Gómez, lo mejor de lo viejo con lo mejor de lo nuevo.
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