Lo inevitable
En la población, particularmente en los sectores populares, hace bastante tiempo que la gente está en las calles, y en los últimos meses bastante desentendida de las medidas de prevención en las que tanto énfasis se hizo, y se sigue haciendo, desde todos los niveles del sistema sanitario nacional para que sean tomadas las prevenciones debidas.
Después de un año y dos meses de encierro, distensión de medidas cuarentenarias y vuelta al encierro, parece comprensible la actitud de los que actúan como si hubieran sido vacunados, sin serlo.
Más de la mitad de la población dominicana, de acuerdo con estadísticas nada menos que del Banco Central, tiene como fuente económica alguna actividad informal. Y para estos la calle es indispensable.
En ausencia de la libertad de movimientos de ellos y de los otros, del salir a buscársela, tendría que existir un mecanismo desde el gobierno que les garantizara alguna forma de subsidio, pero en abril pasado fueron cerrados esos capítulos de la cuarentena denominados Fase y Quédate en Casa.
El que todos, o casi todos, tengan que rascarse con sus uñas tiene varias vertientes desde las que puede ser apreciado.
Una de ellas que, al sentirse en la necesidad de valerse por sus propios medios, los sujetos se sienten también en la libertad de hacer valer su naturaleza social y personal allí por donde sea que se desenvuelvan; otra, que al propiciar que la gente se la busque para animar de nuevo la actividad económica, el gobierno tiene que ir desentendiéndose cada vez más del control social que representó, y que todavía representa en buena medida, el estado de excepción.
De ahora en adelante el pueblo dominicano se irá sintiendo cada vez más en libertad de expresar su naturaleza social, un hecho que también reclamará del gobierno, cada vez más, el tránsito del sistema de control que ha facilitado la pandemia, a la apertura propia de una sociedad represiva por las consecuencias.
