Lo humanitario y lo innecesario

República Dominicana se volcó en ayuda tan pronto supo de la tragedia que le había pasado a su vecino. Haití se sentía agonizante, cuando ya socorristas dominicanos estaban en su territorio.
El pueblo dominicano en ningún momento se ha detenido a pensar que los recursos que se han usado para ayudar a su hermano herido eran sacados de los ya exiguos fondos con los que dispone para atender sus necesidades propias.
No importa, la República Dominicana tiene carencias, Haití hoy no tiene nada.
Todos aplaudimos el espíritu solidario del pueblo y la rápida respuesta del Gobierno dominicano, especialmente en lo relativo a brindar atenciones sanitarias a los afectados por el terrible sismo que prácticamente destruyó a Puerto Príncipe y otras poblaciones haitianas.
Sin embargo, no se puede confundir la ayuda humanitaria con el “fantasmeo” o “figureo” a costa de los escasísimos recursos de los dominicanos.
Resulta algo más que ridículo escuchar en medio de tanto dolor una desafortunada promesa, esperamos que no autorizada, de que la República Dominicana financiará las representaciones deportivas de Haití que acudan a eventos internacionales.
Haití no necesita esa ayuda y los dominicanos no tenemos para darla.
Está bien que nos quitemos el pan de la boca para dárselo al hambriento, pero resulta absurdo que lo hagamos para que otros participen en eventos deportivos.
Nuestros vecinos necesitan ayuda humanitaria, ofrecer cosas accesorias en estos momentos puede ser hasta una ofensa para un agonizante pueblo y un abuso para quien ayuda dando de lo que le hace falta.