En Ghent, Virginia, unos ladrones robaron un automóvil y al notar que un niño de ocho años de edad se encontraba sentado en el asiento trasero, decidieron dejarlo en la escuela.
Su madre tuvo que comenzar a trabajar media hora antes del inicio de clases, por lo que tomó la medida de dejar al niño en su coche escuchando música mientras ella comenzaba su jornada laboral.
Los ladrones notaron que el vehículo estaba abierto y se metieron dentro.