Llegó el Código Penal

Dionisio Soldevila
Dionisio Soldevila

*Por Dionisio Soldevila

Luego de más de 250 años, República Dominicana finalmente tiene un nuevo Código Penal, lleno de yerros, aún con el año de vacatio legis, pero para eso tenemos el Tribunal Constitucional, que se encargará de enmendar todas las barbaridades que salieron del Congreso, principalmente de la Cámara de Diputados, de Alfredo Pacheco.

El presidente Luis Abinader promulgó la llamada Ley 507-26, que es el nuevo Código Penal, pero también formó una comisión (ahí sí somos buenos), de seguimientos para futuras modificaciones necesarias.

La comisión la encabeza Milton Ray Guevara, expresidente del TC, y que por lo visto no pretende retirarse por todos estos años y le acompañan siete abogados, un diplomático degradado y el presidente de la Asociación Dominicana de Diarios.

El problema es que el país no necesita comisiones para hacer cumplir la ley o modificarlas. Para eso tenemos el Congreso Nacional, el Ministerio de Justicia y también el Tribunal Constitucional, instituciones con la capacidad de hacer lo que se necesite para mejorar el Código Penal.

República Dominicana necesita una pieza que se ajuste a la realidad actual dominicana, que vaya más allá de las habitaciones con aire acondicionado, vinos caros y de profesionales que se aplauden ellos mismos.
Necesitamos una ley efectiva que ataque al narcotráfico, el cibercrimen, pero que de una u otra manera introduzca, con el tiempo, el cúmulo de penas y que podamos recuperar parte del control que se ha perdido.

Las leyes tienen que ser más claras y sancionar realmente los delitos que más nos afectan, incluyendo el lavado de activos, el narcotráfico y la trata de personas.

Pero también poner límites lógicos, no clasistas, y poner los pies sobre la tierra para saber qué es realmente República Dominicana.

No obstante, la formación de esta comisión para supervisar que el Código Penal funcione como se debe sólo nos deja una idea en la mente y es que no tenemos garantías de que las leyes que se aprueban en el Congreso y promulgadas por el Poder Ejecutivo vayan a cumplirse. Y por eso necesitamos de esas famosas comisiones que se juntan a beber vino y a filosofar sobre el mundo.

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