Leyes y arroz
El país tiene una vida propia, el pueblo dominicano demanda cada día servicios, y reclama atenciones en todos los sectores donde no se siente cómodo en correspondencia con los impuestos que paga, independientemente de los aprestos políticos y las acusaciones y réplicas entre los aspirantes a distintos cargos electivos que incidentan y perturban sus reclamos.
De esa vida propia se dieron cuenta, recientemente, la Cámara de Diputados y la Comisión Nacional Arrocera, ya que la primera –de acuerdo a lo que plantea su presidencia– se enfocará en aprobar iniciativas que incidan en crear un clima de seguridad en el país y en reducir el alto índice de la delincuencia.
En cuanto al arroz, que constituye el principal rubro de la canasta familiar, está garantizado hasta la próxima cosecha del cereal. Además, hay garantía –por parte del sector– de que el arroz selecto mantendrá un precio estable. Aunque no hay garantías de qué tiempo permanecerá sin variar su costo al público.
En realidad no solo de arroz vive el pueblo dominicano, pero tanto los alimentos a un precio prudente e inalterable, como la necesidad de un verdadero clima de seguridad ciudadana, son vitales para nuestra sociedad, a todos los niveles.
Esperemos que ambas promesas, de garantizar precios justos en la venta del arroz y el trabajo de la Cámara de Diputados en producir leyes idóneas que incidan en tener un país más seguro, no formen parte de proclamas y promesas peregrinas. Esperemos, vigilantes y alertas, que se cumplan. Ya, más adelante, evaluaremos sus resultados.
