Legales e ilegales

Todavía no queda muy claro cómo hay ciudadanos haitianos favoritos para hacer trabajos en la República Dominicana, amparados por un contrato, pero otros no reúnen las condiciones necesarias para entrar al país.

Hace poco la Dirección General de Migración informó que devolvió a Haití más de 700 ciudadanos que intentaron penetrar al país. Todos desprovistos de documentación o los permisos correspondientes.

El tráfico de personas es una práctica muy vieja y lucrativa; otra forma, quizá más acorde con las demandas de mano de obra, son los contratos de trabajo que permiten el ingreso de una determinada cantidad de trabajadores.

En el pasado reciente muchos haitianos eran contratados para hacer labores en los cañaverales, cortando caña de azúcar.

Entonces se conocían como “braceros”, pero con la quiebra y cierre de muchos ingenios no son tantos los trabajadores que asume el Estado a través de los pocos que están funcionando.

Son otras las labores de los haitianos en el país.

En tal virtud, no es propio llamarles “braceros” a los 364 nacionales haitianos que autorizaron recientemente las autoridades de Migración para laborar en fincas bananeras y arroceras de la Línea Noroeste del país.

Lo cierto es que una línea, muchas veces imperceptible, divide la legalidad de la ilegalidad cuando se trata de abaratar la mano de obra no calificada que viene de Haití y se contrata para estas labores.

Eso nos lleva a ver el asunto migratorio como una tarea enojosa a la que hay que poner mucha atención en este año.