LeBron es dominante, pero no cautiva masa
Nueva York.-LeBron James es el jugador más dominante de la NBA. Nadie puede tener un atisbo de duda al respecto.
Pertenece a la nueva generación de jugadores híbridos, formada por camaleones capaces de ajustarse a diferentes escenarios del juego debido a su sorprendente versatilidad.
En materia de números, James sólo puede -y quizás podrá, lo veremos con el tiempo- ser superado por James.
El PER (Player efficiency rating) creado por John Hollinger ha tenido que crear un nuevo cuenta kilómetros para otorgarle a LeBron una residencia digna en el mundo de las matemáticas. Puntos, rebotes, asistencias, bloqueos: todo se envuelve en un mismo envase con una naturalidad escalofriante.
Sin embargo, la historia de reconocimiento de las masas a LeBron no parece ir por la misma vía de sus números.
Es, quizás, el jugador perfecto: una especie de Capitán América construido en laboratorio que luce como un adulto en un jardín de infantes.
Para el amante del básquetbol y sus variantes estratégicas (muchos llaman a esto Mundo FIBA), James es alguien que arruina este deporte en el buen sentido: su sola presencia dentro de la cancha es un emparejamiento irregular, en el perímetro o en la pintura.
Una fiera
En ataque o en defensa. En ataque estacionado o en transición. Eso genera que sus partidos sean, de alguna manera, absurdos.
El juego se desnaturaliza por la sola presencia de un jugador extraordinario.
No vamos a decir que James no arrastra fanáticos, porque sería una locura, pero su legado se mantiene dentro de la estructura del Heat. No se extiende al mundo del básquetbol, que lo respeta, lo destaca, pero no lo ama.
Esa es la diferencia radical con otras figuras del pasado y del presente, es un icono mundial que ha sido explotado desde muy pequeño por el marketing y que ha tenido que lidiar con una presión irracional que lo ha obligado a padecer su talento en lugar de disfrutarlo.
El dominio de James es una combinación de físico con talento desmedido.
Todo para él es sencillo y cuando repite la fórmula de ir hacia el fondo del aro en penetración, para la defensa es como intentar atrapar una locotomora con un lazo. O te mueves o te destroza a ti y todo lo que tienes a tu alrededor.
Con esto queremos decir que es un arma de destrucción masiva, y eso, por momentos, luce como algo aburrido.
Sin historia
A James le faltan cosas que profundicen lo emocional. Le falta una gran historia que acompañe su legado.
Le faltan los 63 puntos ante los Boston Celtics, el día de la fiebre o The Last Shot ante Jazz de Michael Jordan; los ocho puntos en nueve segundos de Reggie Miller, los 81 puntos de Kobe Bryant… En fin.
Su estética se impone por el físico: es el cuadro lo que arrastra miradas y no los colores o el dibujo.
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