Las vueltas del mundo
Hay que estar vivos para ver y oír cosas es una frase que se ha vuelto tan común escucharla que hasta causa pavor, sobre todo cuando nos referimos al ámbito político, aunque reconozco que nada que venga de este sector me sorprende.
No son una ni dos las acciones que asombran, no por descabelladas, sino por falta de vergüenza y moral.
Y después abrimos los ojos cuando vemos las acciones de nuestros jóvenes, resultado del gran ejemplo de sus mayores.
Siempre he dicho que educamos con el ejemplo, siendo uno de los principales axiomas de la educación, y cuando vemos en los medios como personas, que, en otras ocasiones, fueron el centro de luchas acérrimas o, como bien dicen algunos, persecusiones políticas sin razón (cuento que solo ellos se lo creen) y que hoy fuman la pipa de la paz y, con todo descaro, anuncian a la luz pública sus acuerdos de aposento, escritorio u oficina, como lo quieran llamar… y uno se pregunta cuándo fue que el refrán de que en la guerra y el amor todo es válido es ley de vida.
Tengo tiempo viendo como la saliva le cae en la cara a tantas personas, parece que no estuvieron presentes cuando de niño se les decía no escupas para arriba que te puede caer en la cara.
Lamentablemente, seguimos viendo como las acciones de ellos promueven conductas inmorales y son seguidas, como al flautista de Hamelín, hipnotizados por las promesas que, lejos de dar bienestar, aseguran el deterioro de nuestra sociedad.