Las pequeñas cosas

Los gobiernos suelen centrar sus mayores esfuerzos en las grandes obras y anunciar con mucho orgullo las inversiones cuantiosas, pero en ese camino van olvidando las pequeñas cosas que en muchas oportunidades marcan la diferencia.

Esa visión gigantesca le ha costado mucho al país.

Hemos visto como, sin mayores dificultades, se invierten cientos de millones de pesos en construir una supercarretera, pero se olvida destinar unos pocos miles de pesos en darle mantenimiento para evitar su deterioro.

Tenemos casos como el de la provincia Espaillat, donde las organizaciones sociales reclaman la construcción de pequeñas obras o la terminación de otras empezadas hace años, pero las autoridades nacionales han preferido invertir dos y tres veces en una sola obra de relumbrón lo que se requeriría en atender todos los reclamos de infraestructura de esa productiva provincia.

Hemos visto, por ejemplo, que han cambiado para bien las condiciones de instalaciones como el Centro Olímpico o el Parque del Este, sólo con darle mantenimiento y sin requerir de grandes inversiones.

Las autoridades nacionales tienen el reto de poner en marcha grandes proyectos sin desatender las pequeñas cosas, que con frecuencia son las más grandes para las pequeñas comunidades.
Las pequeñas cosas marcan la diferencia.