Nadie puede quitarle ni un àpice a la grandeza que durante años han venido demostrado las Reinas del Caribe, en sus múltiples actuaciones en eventos regionales, continentales y mundialistas.
Las Reinas, por lo tanto, constituyen, sin ningún tipo de discusión. en una marca de prestigio universal.
Por lo tanto, ante ese incremento exponencial logrado a base de calidad indiscutible en la cancha ante cualquier rival, las colocan como un orgullo nacional.
Esos logros extraordinarios, tampoco deben conducir a una ceguera colectiva, en el sentido de que se nota una baja en los resultados exhibidos en sus actuaciones ante rivales que hace un “tiempecito”, no le pisaban la cola.
El enfrentamiento frente a Estados Unidos por el título de Norceca, dejó un sabor amargo entre los aficionados, las propias jugadores, e incluso en el dirigente Marco Kwiek, quien no estaba creyendo lo que estaqba pasando,, en especial, en el último set, el cual que concluyó 25-10, a favor de las estadounidenses.
Anoche estaban disputando la medalla de bronce del Norceca, después de haber ganado la corona en las últimas tres versiones.
Es común que se cometen injusticias cuando se analizan actuaciones, pero la realidad es que el equipo necesita un “remenión” urgente, en especial, de algunas de sus integrantes más veteranas, las que lucen “desganadas” y faltas de “motivación”.
No se puede negar que las Reinas del Caribe son extraordinarias, pero no se puede ignorar que requieren algunos cambios, aunque los mismos no sean radicales.
Pero debemos seguir apostando a ellas, que tienen como reto inmediato, clasificar para los Juegos olímpicos, de Los Ángeles 2028.
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