Las calles de mi pueblo
Me encuentro entre los que piensan que el presidente Leonel Fernández sabe que el país no termina en el Río Haina. El sabe que después de cruzar los puentes sobre la Carretera Sánchez y el Expreso 6 de Noviembre está San Cristóbal, luego Baní, Azua y al llegar al kilómetro 15 se gira a la derecha para tomar la ruta hacia San Juan de la Maguana.
Ya superada esa ciudad, municipio cabecera de la provincia llamada antes Granero del Sur, se alcanza el poblado de Las Matas de Farfán, al que en 30 años ha sido imposible que le construyan calles decentes. La última noticia que tengo es que la contrata la habría recibido un ingeniero de nombre Francis Mejía, pero el hombre no ha dado un picazo.
Digo que el presidente Fernández sabe muy bien que el país llega hasta la frontera, que es donde comienza la República, y que allí hay pueblos que necesitan de su auxilio. Hondo Valle, por ejemplo, es un olvidado municipio de la provincia Elías Piña que -a menos que me digan y demuestren lo contrario- fue sacado de la agenda de las autoridades.
Insisto en citar al jefe del Estado, porque hace un tiempo estuvo por San Juan de la Maguana inaugurando una de las obras más importantes que pueda erigir gobierno alguno: la Extensión de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Su presencia allí le convenció de que por ahí pbajo vive gente noble que merece atención.
Hago estos comentarios -con los que creo no ofendo ni irrespeto a nadie- buscando sensibilizar un poquito a los de arriba respecto de la suerte de la gente de ese olvidada, comunidad, la que visité recientemente, aunque tuve que gastar RD$8 mil de gasolina. Hace 30 años esa comunidad tenía cierto parecido a un paraíso.
La vía de acceso dejó de existir, pero sí alienta un poco que se trabaja en la reconstrucción de la que comunica a Las Matas de Farfán con El Cercado. Por eso digo que el presidente Fernández sabe que por allí hay gente que lo quiere, gente que le desea vida y salud, como me dijo la señora Caciana Montero, allá en Juan Santiago.
No sé, aunque tampoco me lo confirmaron, si el senador Adriano Sánchez Roa ha vuelto por allí después de las elecciones en la que los hondovalleros se hicieron sus cómplices y depositaron el voto a su favor para que él los representara en la Cámara Alta. Lo que parece, según pude ver, es que este legislador no ha vuelto a la zona.
Pero tampoco sé qué hace el alcalde de allí, Donaciono de la Cruz (oiga usted el nombre de este engendro), pero sí me contaron que hace poco se subió el suelto a RD$75 mil, no sin antes buscar el apoyo de la vice alcaldesa Adela Romero, del presidente de la Sala Capitular Antonio Montero, alias Bolívar; y de Tomás Montero, de apodo Losán.
Todos ellos recibieron incrementos considerables en sus sueldos, lo que en efecto no estuvo mal, pero debieron motivarse para llegar hasta oficinas en Santo Domingo que sean capaces, como en efecto lo son, de ayudar al municipio a mitigar su calvario. No me explico porqué no han acudido a donde su senador a pedir auxilio.
Sin una vía de acceso adecuada, sin agua potable, sin fuentes de empleo, con una deforestación indescriptible. Y de última afrenta al Ministerio de Medio Ambiente parece importarle un bledo, mientras los haitianos parecen haber invadido todo esto de manera pacífica. No me explico hacia donde llevan a esa apartada comunidad.
Ojalá pudiéramos involucrar a las Fuerzas Armadas en actividades productivas en la zona, como ocurría antes, a los fines de que esa zona vuelva a tener el esplendor de antes. Las FFAA y Medio Ambiente pueden trabajar en tal dirección, porque no hablo de la Dirección de Desarrollo Fronterizo, a cargo de Manuel de Jesús Florentino, porque tengo la impresión de que eso no funciona.