Labor y orientación: transformando el dolor en oportunidades

Fundación Alzando Nuestras Alas acompaña a niñas, adolescentes y mujeres que enfrentan situaciones de violencia. Rol. No las rescatan, cambian su narrativa para nuevo comienzo.

La organización ha impactado a cientos de mujeres a través de talleres, mentorías, programas de asistencia psicológica y conferencias presenciales y virtuales.
La organización ha impactado a cientos de mujeres a través de talleres, mentorías, programas de asistencia psicológica y conferencias presenciales y virtuales.

SANTO DOMINGO.-Durante años, Miguelina Henríquez guardó en silencio una historia que más tarde decidió contar en su libro “Mariposa de acero”.

Hoy, esa experiencia se ha convertido en el motor de una labor que trasciende fronteras a través de la Fundación Alzando Nuestras Alas (ALNUA), desde donde acompaña a niñas, adolescentes y mujeres que enfrentan situaciones de violencia.

Para Henríquez, oradora motivacional internacional y activista, ese pasado no es un recuerdo que la paraliza, sino una responsabilidad que guía su trabajo. “Hay miradas que no se olvidan”, afirma. “Cuando una adolescente habla en voz baja, evita el contacto visual o minimiza lo que le están haciendo, ahí reconozco a la joven que un día fui”. Sin embargo, asegura que esa conexión no se vive desde la nostalgia ni el dolor, sino desde la conciencia. “En ALNUA entendemos que no basta con escuchar la historia; hay que interrumpir el patrón”.

Miguelina Henríquez

Por eso, explica, cada caso se aborda desde una estructura que incluye acompañamiento emocional, orientación preventiva, educación sobre señales tempranas de violencia y fortalecimiento de la identidad. “No estamos rescatando a una niña; estamos cambiando su narrativa”.

Afirma que el verdadero impacto de la fundación no siempre se mide en titulares, sino, cuando una mujer deja de verse como víctima y comienza a verse como una persona con criterio, capacidad y voz.

Entre ellas menciona jóvenes que aprendieron a poner límites, madres que lograron sostener económicamente a sus hogares y adolescentes que identificaron señales de manipulación antes de que una relación escalara hacia la violencia.

Durante el último año, ALNUA ha consolidado alianzas entre República Dominicana y Estados Unidos, ampliando sus espacios educativos y fortaleciendo su estructura organizacional. “Queremos que el impacto no dependa de una emoción momentánea, sino de una visión sostenible”, explica.

Brechas del sistema
La historia personal de Henríquez también la llevó a identificar vacíos en los sistemas de protección a víctimas de violencia. “Rehacer la vida no siempre detiene el acoso. Esa es una verdad que muchas prefieren no decir en voz alta”, afirma. Desde su experiencia, existen tres brechas urgentes que atender:

  • Falta de seguimiento efectivo a las órdenes de protección.
  • Procesos judiciales lentos que terminan revictimizando.
  • Insuficiente educación preventiva desde edades tempranas.

Pilares sociales

— Educación
Uno de los pilares del trabajo de ALNUA es la educación preventiva. Henríquez insiste en que la violencia rara vez comienza con un golpe. “Siempre digo que el silencio alimenta la violencia. Y la violencia comienza con control”, sostuvo.