Ahora sí, todos a una y a las aulas con la voluntad y la necesidad de los padres que están seguros de que sus hijos encontrarán en la escuela pública el pan simbólico de la enseñanza y el pan concreto del programa gubernamental de alimentación escolar.
Un día más, según la Asociación Dominicana de Profesores, o un día menos, según el enfoque desde el Ministerio de Educación, no debe ser motivo para una pulsada que no hará del profesorado un cuerpo docente más descansado y entusiasta, ni de la educativa una institución mejor valorada por la familia dominicana.
Si la decisión del magisterio de quedarse en casa un día más ha sido una derrota para el ministro Luis Miguel de Camps, es tan pequeña que no vale la pena cargarse de rencor por ello. Si puede, en cambio, ser valorada como una victoria para el gremio de los profesores y su presidente, Eduardo Hidalgo, es también una minucia por la que no vale la pena cargarse de orgullo ni inflar el pecho.
Más importante que una u otra es que ambas, Educación y ADP, busquen las vías para alimentar lo que debe de quedar de vocación, de ganas de trabajar por un ideal, para reorientar la escuela dominicana.
Tal vez sea esto lo más importante que le falte al profesorado en el país: el estímulo de la vocación.
Porque no cabe duda que sin este lubricante en el interior del docente no hay condiciones materiales que compensen el agotamiento emocional de vérselas de lunes a viernes, durante diez meses consecutivos, con niños y adolescentes que no entienden por qué y para qué sus padres los mandan a la escuela.
Los profesores de hoy deben de contar con más y mejores herramientas que los de antaño, pero necesitan más luz para iluminar en medio de tanta oscuridad.
Este es un campo en el que pueden aportar bastante los líderes del sector educativo.