La violencia se aprende

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Generalmente la agresividad y la violencia están ligadas a situaciones ambientales y socio-familiares.

Por lo tanto, lógicamente, el niño hace un aprendizaje socio-familiar de la violencia.

Existe una línea continua entre la violencia infantil y la del adulto. Esta violencia en la niñez en el seno de un ambiente de desventaja socio-familiar mantenida y crónica puede consolidarse en la adolescencia y al llegar a la edad adulta producirse un trastorno de la personalidad llamado Personalidad Antisocial.

De ahí la importancia de los padres en la disciplina de los hijos, para no sumar factores de riesgo familiares a los ambientales adversos con relación a la violencia.

Existen las conductas agresivas: cuando se produce un hecho o episodio aislado sin las características de abuso.

Muchos padres practican estas conductas agresivas para disciplinar a los hijos, estos las aprenden y posteriormente se van a convertir en agresores.

Puede darse agresión y no llegar a la violencia, pues para que se considere como tal, deben presentarse las situaciones de manera periódica y permanente, mas, con respecto a los infantes, estos aprenden escuchando, mirando, observando, percibiendo y además reproducen las conductas de los padres.

Como medidas de prevención, los padres deben aprender modelos educativos apropiados en los que se utilicen normas claras y concisas en la disciplina sin utilizar los castigos físicos, amenazas ni agresiones, aprendiendo a administrar estos castigos o sanciones dependiendo de la infracción, negociar las situaciones y sanciones con ellos y, lo de mayor importancia, prestar atención a sus actividades.

Twitter: @AmalfisDra

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