La violencia de cada día

editorial

La procuradora general de la República, Yeni Berenice Reynoso, ha insistido en intervenciones públicas en meses recientes, en la necesidad de darle a la violencia un abordaje integral.

No es posible, desde su punto de vista, esperar que la justicia tenga soluciones a tantas formas de violencia presentes en el cuerpo social dominicano. Y tiene razón.

Familia y convivencia social están en la base de la propuesta de la procuradora general para enfrentar las formas de violencia visibles.

La familia típica dominicana, sin embargo, ha cambiado como consecuencia de la transformación económica, la movilidad social y humana y la influencia de los medios de comunicación de estos tiempos, que han hecho del mundo definitivamente una aldea en la cual un habitante de Santo Domingo puede ser testigo en el momento en que ocurre el aleteo de una mariposa en China, país de las antípodas.

Este “ser testigo” no se limita a sucesos, como las inundaciones en el Tíbet o un alud en el Cáucaso ruso. También están a la vista, y seducen a millones alrededor del mundo, estilos de vida y anomias de los que en otros tiempos ni siquiera se tenían noticias.

En la familia nuclear podían ser corregidas algunas inclinaciones perniciosas, pero igual se las alentaba, entre ellas algunas formas del orgullo que han hecho de la dominicana una sociedad con una arraigada inclinación por la violencia en todas sus formas, incluida la que tiene lugar al interior de la familia y la que deriva del sentido de propiedad sobre la pareja.

Combatir estas anomalías desde la sociedad y la familia parece hoy día más allá de lo probable.

Si el que violenta las reglas del tránsito en las vías públicas o alienta a otros a que lo hagan sufriera el aislamiento social, en un tiempo en el que por la enorme cantidad de vehículos más se necesita del apego a las normas, lo pensaría, pero no ocurre de esta manera.

Y lo mismo con la violencia verbal, tan extendida, o el robo de los bienes públicos.

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El Día

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