La violencia como signo de nuestro tiempo

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Si existe un signo claro de nuestro tiempo es la violencia, la cual constituye un problema grave de nuestra época, que casi la condiciona y la estructura.

Es cierto que siempre ha habido violencia en el mundo, pero hoy la violencia se hace signo porque ha tomado unas características especiales.

Hoy la violencia no solamente constituye un elemento de fuerza y de defensa, sino un elemento de filosofía, de sociología, de política y hasta de teología.

Violencia en sus formas extremas de revolución sangrienta.

Violencia en los encuentros de los estudiantes con las fuerzas del orden.

Violencia en las expresiones de rebeldía, de desobediencia, de brazos caídos.

Violencia pasiva de las huelgas, de las protestas silenciosas, de las manifestaciones pasivas.

Violencia en los no cristianos, como los budistas que se queman vivos.

Violencia de los cristianos que ocupan templos, catedrales, palacios episcopales, curias generalicias, seminarios, como protesta contra la jerarquía.

Violencia de los poderosos para amordazar la libertad y asegurarse sus privilegios.

Violencia de los pobres para liberarse del yugo de la opresión económica, política, social y hasta religiosa.

Violencia contra la mujer, manifestada en los feminicidios a diario.

Violencia en los barrios. En las calles, en todas partes.

Violencia del Estado que nos mata del hambre con puras mentiras.

Violencia que puede ser satánica y violencia que puede ser justa, como enseña Pablo VI en la encíclica “Populorum progressio”. La violencia es hoy un fenómeno colectivo, es como un arma universal metida en todos los campos.

Es difícil quedarse pasivo frente al fenómeno de la violencia. No queremos más violencia.

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El Día

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