La violencia coloca  en  emergencia a países

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Santo Domingo.-Llama la atención que los últimos asesinatos masivos ocurridos en los Estados Unidos fueron cometidos por gente joven.

La psicóloga Estrella Bowen destacó que la violencia juvenil tiene a muchos países en estado de emergencia.

“Los asesinos son cada vez más jóvenes y a cada incidente impensable le sigue otro igualmente horrible”, dijo Bowen.

Citó que la crueldad, el abuso de drogas, la falta de respeto hacia los padres, la insolencia, la vulgaridad, el fraude y la falta de honestidad completan este panorama desolador.

A pesar de los esfuerzos de algunas instituciones públicas y privadas, indica la especialista, la crisis continúa, porque “hemos olvidado el aspecto moral de la vida de nuestros hijos”.

La hora del cambio

La psicóloga sostiene que llegó la hora de un cambio y este debe iniciar por la cultura moral, que empieza en los hogares a través del vínculo del amor.

Explicó que los padres tienen una posición de ventaja en el desarrollo de los hijos por la relación cercana. “Con el ejemplo tenemos más probabilidades de impactar en los niños de modo más profundo y duradero”, sostuvo.

Aclaró que a pesar de esto los hijos cometerán errores, como en algún momento lo hicimos “nosotros”.

Precisó que incluso los padres que hacen todo lo correcto se dan cuenta que educar es “la tarea más dura del mundo”.

La inteligencia moral

Estrella Bowen dijo que los progenitores deben buscar las herramientas que les permitan fortalecer la inteligencia moral.

“Con la enseñanza de habilidades concretas de inteligencia moral, que es la capacidad de comprender la diferencia entre el bien y el mal, implica tener fuertes convicciones éticas y actuar y comportarse de modo correcto y honorable”, señaló.

La inteligencia moral se define con siete virtudes, entre ella están: empatía, conciencia, autocontrol, respeto, justicia, bondad, tolerancia y la conciencia. La inteligencia moral puede aprenderse desde edad muy temprana.

Esperar a los seis o siete años para iniciar su enseñanza aumenta el potencial de los niños para aprender hábitos negativos destructivos, que les dificultan cambiar.

Bowen llamó a cada miembro de la sociedad aportar un granito de arena para fortalecer los valores para contribuir a los cambios internos que luego se reflejaran a lo externo.

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