Jueves, 22 de agosto, 2019 | 9:01 pm

La vigencia de una convicción



“El PRD ya era demasiado atrasado para mí. No respondía a mis concepciones, pero además era una carga demasiado pesada: sin organización, sin métodos de trabajo, formado por simpatizantes que buscaban en él alguna ventaja personal.

Desde que tenían un problema corrían donde mí para que yo se lo resolviera, y mi función era pasarme los días resolviendo esos problemas, buscando dinero para atender las necesidades de Fulano o Mengano.

Mi ruptura con el PRD se debió a estas prácticas y a que se había formado una oposición de derechas en contra mía y de las posiciones que impulsábamos”.

“El 16 de mayo de 1974 iban a celebrarse elecciones y yo sería el próximo presidente. ¿Para qué iba a ser presidente? ¿Para satisfacción personal mía? ¿Para distribuir beneficios y ventajas entre amigos, familiares y grupos?

¿Con quiénes iba a gobernar si en el PRD no llegaban a cien los hombres y mujeres que tuvieran desarrollo político, conocimiento de los problemas del país y que además fueran incapaces de usar los cargos públicos en provecho propio? Eso no me interesaba en absoluto.

¿Qué podía hacer yo, si resultaba elegido presidente, con una base política tan pobre, compuesta de hombres y mujeres que carecían en absoluto de capacidad para ejecutar planes de gobierno, pero tenían en abundancia los deseos y los dotes necesarios para usar el poder político en actividades de provecho personal?”.

“Quedarnos en el PRD era lo más cómodo, y lo más seguro, pero no era lo más patriótico. Renuncié al PRD y el 15 de diciembre de 1973 quedó fundado el Partido de la Liberación Dominicana. La primera parte de la doctrina del PLD podría expresarse con unas pocas palabras: “El PLD se proponía terminar la obra que empezó Juan Pablo Duarte”.

A la segunda parte de la doctrina le correspondería hablar de los derechos sociales de los dominicanos”.
“Pedimos para el PLD gente dispuesta a hacer sacrificios por el partido y por el país, y exigir en nuestra organización una disciplina estricta pero consciente; una disciplina que preparara a los peledeístas para hacer frente con entereza a todas las adversidades; dedicación al estudio para poder desarrollar la conciencia política; una vida pública y privada que se correspondan, porque nadie puede ser al mismo tiempo luz de la calle y oscuridad de la casa, o al revés”.

“No nos proponemos levantar un partido de santos. A lo que aspiramos es que el PLD sea un partido de dominicanos capaces de hacer sacrificios por su país. Queremos dominicanos que ofrezcan, no que pidan; que a la hora de la verdad den un paso al frente para combatir, no para beneficiarse.

No nos importa que sean pocos, que el pueblo tiene razón cuando dice que vale más estar solo que mal acompañado.

Más que cantidad necesitamos calidad, y me refiero a calidad política. Los miembros del PLD deberían tener la calidad política que hace falta para dirigir a este pueblo en la lucha por su liberación de aquellos que lo explotan, lo esclavizan y lo asesinan”.

Fin de las citas de Juan Bosch. En nuestro artículo anterior titulado “La vigencia de un ideal” propusimos meditar sobre las ideas que él expuso a su llegada en 1961, año en que también arribaron los primeros dirigentes del PRD, convocando a transformar democráticamente el país.

Aquellos empeños no terminaron, y hoy, citando de nuevo su pensamiento, quisiéramos llamar a la reflexión sobre la vigencia o no de estos motivos, principios e ideales al momento de optar y ofrecer una herramienta política al pueblo dominicano.

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